Cultura y Libros

"En estos tiempos ya no hay lugar paralos grandes heroicos"

El filósofo español Francisco Jarauta anda por el mundo con un anotador, y bien lejos del teléfono celular. Estuvo en Rosario para hablar de Las meninas, de Velázquez, ante un público extasiado. Cree que el artista plástico que interpreta el año de tensiones que se va es Goya, y se define como "de izquierdas y buena persona".

Domingo 24 de Diciembre de 2017

Cuando el hijo de Francisco Jarauta tenía siete años un amigo le preguntó: "¿Tu papá a qué se dedica?". Los demás niños hablaban de sus padres médicos, ingenieros, abogados. Y entonces Pablo respondió sin dudar: "Es viajero". En su visita a Rosario, el filósofo español cuenta la anécdota y ríe. Es que para él quizás no hay nada que lo pinte mejor que aquella imagen. El viaje es un tema que lo ha acompañado biográficamente, y conocer diferentes ciudades, religiones, comunidades y formas de vida es algo que le ha enseñado tanto o más que la academia.

A esta ciudad viene al menos una vez al año invitado por el Centro de Estudios Interdisciplinarios de la Universidad Nacional de Rosario. Ha vivido en varios lugares y hecho escapadas etnográficas a distintas regiones de Asia y África. Y ha pasado temporadas haciendo voluntariado en los campos de refugiados de Grecia, en Lampedusa y en la costa de Libia. "El viaje construye una especie de cosmopolitismo maravilloso y te articula mejor con la humanidad", dice al llegar a Rosario desde Esquel, sin pisar Buenos Aires y con un pie en Chile. Su periplo es con cuaderno y sin celular. A veces utiliza un viejo Nokia pero se aleja de la conectividad mientras recorre. "Protejo mi vida personal e intelectual y al menos en los viajes me manejo en las afueras de la Babel que ya bastante me empuja a ser un ciudadano babélico", dice.

Jarauta es catedrático de filosofía de la Universidad de Murcia, realizó estudios de historia del arte y filosofía en las universidades de Valencia, Roma, Münster-Westf, Berlín y París. Sus trabajos se orientan especialmente a la filosofía de la cultura, la estética y teoría del arte. "Soy un hombre de izquierdas y buena persona, si es que eso aún califica", dice con picardía. Su mirada política no sólo queda plasmada cuando reflexiona acerca del campo de la historia de las ideas. Se hace carne en la praxis política ya que es miembro de Podemos desde 2014, aunque hoy se lo nota un poco más contrariado. "Luego de los hijos, la revolución es lo más importante. Pero hablo de las pequeñas revoluciones. Esas que consisten en decir «bonjour» o «qué necesitas». Porque en estos tiempos ya no hay lugar para los grandes heroicos", asegura.

En Rosario congregó a un auditorio variado para hablar de Las meninas, la obra maestra de Velázquez. El público, que iba de los veinte a los setenta años, estuvo casi dos horas absorto escuchando al pensador referirse a la obra, al deseo de su autor de retratarse y de encontrar, tal vez, en Las meninas ese pretexto. "Velázquez convocó a su princesa preferida, sus enanos, parte de la farándula de los Austrias, el perro, elemento que introduce a la lectura más doméstica. Él, desafiando la llegada de los reyes en el espejo, pintando un cuadro inmenso del que nunca nadie acertará identificar el tema. Su cara melancólica, su mano que parece un muñón, con un pincel que parece una flecha, ofreciendo una paleta de pintura con siete negros y tres tierras", cuenta ―con un entusiasmo imposible de ocultar―, y explica: "Me gusta que el mapa intelectual de los aspectos técnicos e históricos de realización de la obra sea abierto. Para que cada uno construya su propio mapa personal. Eso, aunque no lo creas, produce una emoción grande en el lector". Pero no sólo de estética y arte estuvo hecha su visita a la ciudad. También habló de la situación política y social europea y hasta deslizó que quizás el mejor pintor moderno para hablar de la crisis y las tensiones de este año sea justamente Goya y sus cuadros de fusilamientos.

—¿Cuál es el rol de un filósofo en una sociedad como la actual?

—La dimensión filosófica, la mirada filosófica nos ayudan a poner las preguntas. Nos orienta a ese mundo nuevo que serían justamente las nuevas preguntas. Hoy nos toca la fortuna de vivir una de las etapas más aceleradas de la vida humana. Todo pasa rápido, todo cambia en un tiempo récord. La revolución más importante ha sido domiciliar el concepto de la velocidad de la que hablaba Paul Virilio. Ayer ya está muy lejos. Vivimos en cierta tensión hacia el futuro que se concentra en el síntoma de la ansiedad. Sobre el futuro no hay hechos, sólo relatos. Entonces pareciera que tenemos que vivir en esa tensión ansiosa. Si miramos hacia atrás seríamos melancólicos, pero si miramos al futuro somos maravillosamente ansiosos. No podemos construir ni el algoritmo de ese futuro, ni apenas el dibujo aproximativo. Si te dijera: "Cuéntame cómo será el mundo en el 2050", no lo sabemos. Lo que sabemos es que la realidad superará la ficción. Mientras tanto, está el ahora. ¿Y qué hacemos con el ahora? Nuestro compromiso ético es con nuestro tiempo, con nuestro planeta. Con poder establecer los criterios éticos de esa relación que atraviesa el pensamiento humano. Como bien decía Marx hay que trabajar con un concepto fuerte de humanidad. No con un concepto casualista. Somos humanos y debemos configurar ese mapa.

—¿Cómo ve hoy la realidad europea?

—Este año ha sido crucial para Europa. Se han puesto sobre la mesa todas las dificultades y todas las esperanzas. Hubo cambios electorales fuertes. La presidencia de Emmanuel Macron en Francia, el triunfo de Angela Merkel en Alemania pero a la vez el ingreso de casi noventa y tantos diputados de la asociación de extrema derecha al Parlamento. Algo inédito, un suceso que jamás se podría haber imaginado después del final de la guerra. Mientras Merkel es a mi entender la última estadista, Macron es un hombre de los medios, el resultado de una debacle política. No es oportunista, más bien los vientos le vinieron a favor. Hay dos tesis acerca de la situación europea. Una de ellas dice que hay que refundar Europa. Esto quiere decir que es necesario crear nuevas instituciones, desde las financieras y económicas hasta una reforma fiscal y una ley presupuestaria. Hay un déficit político importante. Hoy Europa es un sujeto político sin voz. Si hay problemas en Asia o Medio Oriente, los interlocutores se llaman Estados Unidos y Rusia. Y China será la gran potencia. Ganarán los países que la tengan como aliada. China no quiere convertir su moneda, busca oportunidades astutamente en el mercado y las encuentra.

—¿Y qué hay de Argentina y los países de Latinoamérica en este contexto mundial?

—El otro frente importante que se plantea, no solo en Europa sino aquí, es el de una fuerza como el populismo. Esa marea de populismo que nació en Europa y que se ha extendido por todo el mundo. Es un populismo germinal que nace de este contexto. Que tiene como base justamente el déficit político, es decir, la crisis de las políticas tradicionales. Hoy asistimos a un tipo de mapa como este. El mundo se muestra cada vez más complejo y las instituciones que garantizan la gobernanza son cada vez más débiles. En su lugar han crecido nuevos poderes cuyos sujetos son las grandes corporaciones, ese es hoy el consejo de administración del planeta, cuya legitimidad democrática es algo más que sospechosa. Además de no tener legitimidad aplican una ley que es la ley del pragmatismo.

—¿Y cómo ve la situación de Cataluña?

—En el caso catalán seré sucinto. Ambas partes han cometido serios errores. Han ido demasiado lejos, tan lejos que ya no ha habido vuelta atrás. Se han volado los puentes y liquidado a los mediadores políticos. De ahí una precipitada huida hacia adelante que trajo un consenso político muy difícil. En lo que refiere a la parte nacional me preocupa que haya reaparecido una especie de nacionalismo español rancio. Esto de ver a Madrid con banderas españolas es algo que me produce verdadera angustia. Me opuse de todos los tonos posibles a esta situación de aplicar el artículo 155. Lo importante quizás es que todo esto ha abierto un escenario nuevo. Debería reaparecer una Cataluña abierta, tolerante con todos los ciudadanos.

—Integró Podemos desde su surgimiento. ¿Cómo ve a esa fuerza hoy?

—He sido votante y militante de izquierda. Entré en Podemos, he militado y pago mi cuota mensual pero estoy muy cabreado. Estoy molesto porque se ha instituido un modelo que ha neutralizado las primeras formas políticas de cuando nace Podemos. Hay una especie de despotismo ligado al carismático Pablo Iglesias, que a mi entender ha cometido errores muy graves. Sus confrontaciones innecesarias con Iñigo Errejón, por ejemplo. Pero si quieres saber, en las próximas elecciones voy a votar a Podemos. Voy a hacer valer mi derecho a la contradicción.

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