Cultura y Libros

El milagro impiadoso

Escritos a lo largo de tres décadas, los textos de El turbión, de Abel Rodríguez, conmueven por su cercanía con lo cotidiano. Irónicos, violentos y tiernos, se plantan sobre la palabra para compartir la esperanza y sostener el mundo. Una aparición bienvenida.

Domingo 03 de Junio de 2018

Pasajero

mezclado en el turbión


como todos

herido sin remedio


falto de misa y de fe

sin amparo

ni compadre

pecando rezo

y despierto

sigo aprendiz

acompañándote

con arrebato


con la garganta intacta

riego el milagro de la primavera

que sin piedad

sorprendiéndome

me sigue cubriendo


batiendo el parche

sin bendiciones

confiado en los sentidos

aunque poco importen las mareas

seguiría aquí

clavado

oteando el horizonte

para avisarles de las lluvias


ya va pasando el pasado


y el sol vuelve conmigo

preparando la mirada

y el pañuelo

para saludar

con emoción


al próximo

pasajero


Carnaval

con el vértigo enorme

de viajar cimarrón

entre las luces


dando batalla

como si hubiera un siempre


en cada embestida

aprendí

que es desmedidamente tarde


sin sentido

precoz

ingenuo

ofrecí cantando

el cuello

al filo del estoque


y aunque sólo sea

un mínimo detalle mi ceniza


con la marea de los genes

ya desatada

yo te prometo

mi guardiana

que tendidas

las luces de colores

de las guirnaldas


de carnaval

esta noche

otra vez


tendremos fiesta


Romance

perdido para siempre

en el tamiz de los demás


navego a merced

de las calamidades y el amor


de madrugada

viajo en el perfume del rocío


merodeando el bulevar

de la frescura de la sombra

del tintero de tu boca


sin hoja

que tape el fulgor

del cachetazo

que sin descanso

me calza la pulsión


en la frontera


visto con palabras

al tiempo y su condena

sin agua ni comida

maldigo a los asesinos

y a los cómplices

que sólo opinan

de la lluvia

desde afuera de la jaula


festejo tener un cuerpo

para encontrarme con el tuyo


y así

mezclados

alumbrando

nos llevarán

sus sonrisas


inevitablemente

seremos multitud


Mañana

para Inés


mientras el humo del café

le pinta las uñas

a esta mañana

quién sabe sean

de caricias o de garras


sola

agoniza mi vecina

ya sin adentros

añorando

la unción extrema


afuera

el hambre aúlla

con la sonrisa trivial

de los funcionarios

sin excusas


en mi cama

de virgen sablista

duerme como el universo

expandiendo

la vida a cada segundo

y que las décadas sugieren

que algo conmigo

tiene que ver


pronto

un ejército de hadas

sonrientes y pelionas

saltando

le disputarán la alegría

a la alegría


empezando a escurrirme

de esta inundación de abeles

sigo desenterrando palabras


y disimulen

porque hasta la muerte

nos va a olvidar


y no vamos a tener

dónde esconder


estas caras de boludos

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