Cultura y Libros

El luminoso vigor de las imágenes

En estas cuidados textos, con la estructura de un catálogo de plantas, Celia Fontán hace notable uso de los recursos de lo imaginario para producir páginas que literalmente resplandecen.

Domingo 15 de Julio de 2018

Al final del último libro de Celia Fontán ―"a manera de epílogo"― se explica acerca de naturalistas europeos que desde el siglo XVIII y hasta comienzos del XX realizaron viajes por el resto del mundo en busca de nuevas plantas, con suerte diversa, legando en varios casos un herbario ―título que en su palabra latina toma este libro, "Herbarium"―. Durante los siglos XV y XVI, la palabra "herbario" se aplicaba precisamente a aquel libro en el cual se enumeraban, describían e ilustraban principalmente plantas medicinales y sus usos.

Sobre esa base, en este volumen se elabora una suerte de mitología de plantas con elementos fantásticos en la mayoría de los casos ―a la manera de aquel bestiario del Wilcock, El libro de los monstruos―.

Escrito en prosa, cada texto desarrolla alguna especie en particular. Y si no quedan dudas de que nos encontramos frente un libro de poesía, menos aún puede cuestionarse la contundencia e intensidad de su contenido, donde reivindica la función del uso de la imaginación ―conjugada con un adecuado y preciso uso de la palabra― en la construcción de lo poético. Una apuesta infrecuente en la poesía actual.

Así tanto el "bramido de piedra" de las "rosas de las dunas", como los "helechos de niebla" que pueden atrapar hasta "venados y armadillos", conviven con rosas carnívoras que devoran mujeres o con una violeta que crece en los volcanes.

También encontramos curiosidades reales de la botánica, como el Amorphophallus titanum, una enorme flor que despide aroma cadavérico, o la Silene stenophilla, que se pudo regenerar a partir de semillas de más de treinta mil años.

Las pinturas del romántico alemán Caspar David Friedrich provocan mixturas entre "los árboles, las ruinas y los barcos", tal como sucede con la poesía, donde "hasta el cabello de las mujeres se enmarañaba al borde los precipicios". Se dan cita también la selva de Henri Rousseau y los gladiolos del rosarino Manuel Musto.

Ecos borgeanos se advierten en hierbas que imprimen dibujos en la piel y permiten el perfecto recuerdo de lo transcurrido en el día previo, en una naranja cuya ingesta permite regresar a la antigua Akragas, o en la rosa de los laberintos y una relectura del mito del Minotauro.

También hay homenajes al naturalista Bonpland, a Emily Dickinson (que suponemos en la Emily de Pequeños pasos) y a Roberto Arlt, con su rosa de cobre.

De esta manera Celia Fontán, con varios libros en su haber, en este Herbarium da cuenta de una poesía madura que resplandece en el vigor de sus imágenes.

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