Cultura y Libros

"El hombre tiene derecho a un carácter fuerte, pero la mujer no"

Liliana Parodi es la gerenta de programación de un importante canal televisivo, puesto de gran responsabilidad que hasta ahora no había sido ocupado por ninguna mujer. En un libro de reciente aparición, En vivo, contó sus intensas experiencias. Pasó por la ciudad, charló con este suplemento y confesó: "Soy una cazadora de oportunidades, no dejé pasar ninguna".

Domingo 03 de Noviembre de 2019

Pocos la llaman por su nombre. Casi todos la conocen por el apellido del marido de su madre, que la adoptó a los cinco años. Pero a ella la antecede un artículo cada vez que la nombran y eso parece darle mayor entidad: “La Parodi”. Así es como se la conoce a Liliana, la mujer fuerte de la televisión argentina.

Desde 2012 Liliana Parodi es gerenta de programación del canal América, un puesto de jerarquía que hasta ahora ninguna otra mujer tuvo en sus manos. Es ella quién decide qué sube o qué baja del aire en ese canal sostenido por la noticia y la programación en vivo. Y lo hace según se lo dicte su mentalidad de productora.

De lunes a viernes vive largas horas en una oficina donde varios monitores en silencio le muestran lo que está pasando en cada canal de aire. Menos el que transmite la señal de América, que sí tiene volumen. A un costado, ella se sienta con la mirada puesta en una plataforma web que le muestra el minuto a minuto del rating. Hay veces que sigue ese número desde su teléfono celular dondequiera que se encuentre.

Es sábado. Está en Rosario y se la ve relajada. Ni una sola vez mira el móvil durante los cuarenta minutos que dura la charla. A la tarde dará una conferencia sobre liderazgos de mujeres y a la noche ya tiene armado un plan con hermanos, primas y sobrinos que viven en Venado Tuerto y aprovechan que ella está tan cerca para compartir la cena. Son parte del rompecabezas familiar que Parodi supo encastrar a lo largo de su vida. A esa rama paterna la encontró a los 29 años siguiendo las pistas de un padre biológico que no conoció hasta esa edad y cuando llegó a él le quedaban nada más que 48 horas de vida.

Muchos le temen y todos la respetan. Y aunque parezca una dama de hierro, ella confiesa que tiene miedos. Le teme a las tormentas y siempre quiere estar bajo techo cuando se desata una muy fuerte, pero su mayor temor es otro: pasar necesidad económica. Es que la falta –el padre, el dinero, el trabajo– fue un cotidiano en su infancia. Y al mismo tiempo, un destino al que no quiso ni quiere volver jamás.

De chiquita, cuando jugaba en Villa Saboya, ese pueblo de la provincia de Buenos Aires cercano a General Villegas, soñaba con casarse a los 23 años, ser maestra y tener dos nenas. Nada de eso ocurrió. Su vida no es ni por asomo parecida a como se la imaginaba. “Ese sueño no duró nada. Pasaron los 23, los 33, los 43 y no sucedió eso”, dice pragmática. Para ella todo está bien así. Todo está en el lugar donde tiene que estar y no cambiaría nada de lo que ocurrió. A lo sumo modificaría el momento en que el amor la encontró de una forma diferente. “Con Ulises nos conocimos en la juventud, éramos de un mismo grupo de amigos. Pero nos dejamos de ver. Él hizo sus cosas, yo las mías, pasaron los años, nos reencontramos y no nos separamos más. Con él es como vivir de vacaciones. Nada es forzado. A veces le reclamo: «¿Por qué no empezamos a los 20?». Y él me dice: «Pero Liliana, a lo mejor no estaríamos juntos«. Y tiene toda la razón”, dice.

Así lo cuenta en el libro que publicó este año y que según ella no podía tener un mejor nombre: En vivo. Autobiografía de una mujer de la televisión (Planeta). “En vivo porque cuento mi historia de vida, la que viví. Y en vivo también hace referencia a la televisión que sé hacer y que es gran parte de esa vida que vivo”, cuenta.

Aunque su terapeuta le decía que ella tenía que escribir sus memorias, la idea nació de un encuentro con Eliseo Álvarez, su primer jefe en medios y actualmente a cargo de un proyecto de biografías en la editorial Planeta. “No es que quise contar mi vida. Desde el comienzo me parecía un acto de vanidad. Pero cuando el libro estuvo terminado, me pareció que daba cuenta de que todas las personas somos comunes, pero a la vez únicas e irrepetibles. Y que mi historia pese a eso podía servirles a otras y otros. A mujeres jóvenes que están empezando o a mujeres más grandes que quizás tienen que rearmarse para volver a comenzar”, relata.

La necesidad, el gran motor

Todo en la historia de “La” Parodi está impulsado por una necesidad. Hija de madre soltera, criada por su abuela que era el sostén de hogar, cuando terminó la secundaria en

José C. Paz decidió irse a Capital Federal, primero a trabajar y luego a estudiar. Primero limpió casas con su mamá, después fue mesera de Harrod’s y fue allí donde conoció a muchas personalidades de medios que iban a cenar por canje al glamoroso restaurante. “Tenía 18 años y me encontré en aquel momento con algunas figuras de Radio Rivadavia. Conversando con ellos les dije que quería estudiar periodismo y enseguida me conectaron con un instituto porque en aquellos años no existía la carrera en la universidad. Y ahí fui”, dice y sostiene: “Soy una cazadora de oportunidades y no dejé pasar ninguna”.

Su hacer televisión se cruza irremediablemente con su biografía. Es que el vivo de la señal de América también responde a una necesidad más que a una decisión y es en eso que se cruza con la historia de Parodi. “En aquellos años 90, cuando la empresa en que estábamos adquiere Canal 2 de La Plata o América no teníamos otra alternativa que hacer televisión en vivo. Teníamos solamente un estudio con tres cámaras y un móvil. O era el vivo o no había nada. No se podía hacer ficción, no se podía hacer entretenimiento. Era un estudio ínfimo. Como en toda mi vida, la necesidad nos llevó a hacer eso”, recuerda y agrega: “Pero fue a partir de 2012 en un país donde la política estaba en ebullición, los jóvenes habían ingresado a la política, se hablaba mucho y había un país necesitado de todo esto que toda esa experiencia del canal fue ideal para mantener esa dirección con una programación en vivo con debates, noticieros, reportajes mano a mano desde las 6.30 hasta la una de la madrugada”.

Y entonces, la competencia tuvo que recoger el guante. No sólo por el rating sino también por la economía, a partir de ahí otros canales se vieron en la necesidad de reconvertir sus señales con los ojos puestos en América. “Los más grandes como el 13 dejaron de hacer algunas cosas y empezaron a hacer otras. Sacaron las ficciones del mediodía, cambiaron por un magazine. Y para nosotros la realidad cambió porque entonces empezaron a ser competencia”, dice.

Ahora, como productora y gerenta de programación la desvela cómo aggiornar el viejo formato televisivo a los tiempos que corren en que los nuevos formatos para ver contenidos se imponen cada vez más. “En medio de esto aparece Netflix, con lo cual si querés ver ficción obviamente que te vas a ir a esas plataformas que cualquier canal abierto no puede reemplazar porque no llegamos a ese nivel de producción ni de presupuesto”, explica y agrega: “En medio de esta revolución tecnológica seguimos haciendo televisión como una compañía cotidiana pero hay que buscar más ideas para ver cómo sigue el negocio de los contenidos en la televisión. Seguimos trabajando con nuestro proyecto, siempre en vivo. Y se piensa en un trabajo de 360 grados con todas las unidades de negocios: América, A24, La Red”.

Mujer al poder

Si de La Parodi se dice que es una mujer que pisa fuerte adonde va, su cuerpo no la deja mentir y hace carne esa metáfora. Desde chica tiene pie grande y eso la hizo desencajar en todo. Llegó a calzar 41, lo que para una mujer significa no entrar en cualquier zapato. A los 20 sufría por no poder elegir los que le gustaban, sino los que le entraban. Pero a partir de 2001 Ricky Sarkany comenzó a diseñarle unos con estilo propio.

De ella también se dice que tiene un carácter fuerte, cosa que la enoja bastante porque siente que lo que para el varón es un plus para la mujer siempre es un escollo. Y para dar ejemplo de esta doble vara con que se mide a unos y a otras abunda: “Una mujer de carácter, incluso hoy, es una loca. En el varón el carácter estaba bien visto, pero ahora, estamos en un momento de quiebre de todas esas cosas”.

Incluso, más allá de las diferencias que pueda tener con la expresidenta Cristina Fernández, reconoce que muchas de las críticas que recayeron en ella fueron por su condición de mujer. “Con los varones que están en la misma situación las críticas no son tan duras. Parece que en esta sociedad el varón tiene derecho a tener carácter fuerte y la mujer no”, sentencia.

Por eso es necesario, según ella, no confundir responsabilidad con mal carácter. “Si tengo la responsabilidad de llevar adelante una empresa, un puesto ejecutivo, un partido político, de alguna manera soy la responsable de ese grupo. En mi caso si me equivoco con la programación a la hora de tomar una decisión sobre quién va a hacer el programa, estoy perjudicando a un grupo de gente más allá de perjudicar a una empresa que confía en mí. Eso hace que tengas una fortaleza, una decisión que para muchos se traduce en tener mal carácter”, explica.

Actualmente su equipo de trabajo está copado por mujeres pero ella asegura que la elección no tiene nada que ver con una cuestión de género. Lo que ella quiere es disponibilidad para la tarea y eso puede venir de un varón como de una mujer.

“Tengo en mi equipo a la persona que esté disponible para hacer lo necesario. En este momento coincide que son más mujeres. Sabemos que la actualidad y el vivo no tiene horario. Las cosas suceden, no importa si es sábado si es domingo, si es de noche, si es de día. Y en eso hay que contar con personas disponibles. Yo he sido disponible para esto toda mi vida. Tal vez tenga que ver con que no tenga hijos”, explica.

–Más de una vez te deben haber preguntado: ¿cuándo vas a tener hijos? ¿Te pesa ese mandato que siempre quiere encorsetar a las mujeres en un deseo impuesto de maternidad?

–No. No fue algo que me pesara. La maternidad es una cosa maravillosa y yo tal vez no hubiese estado tan disponible para eso. Entiendo y aplaudo a las mujeres que toman esa decisión, y las otras mujeres no tenemos que pensar que ellas son unas sometidas y agobiadas porque lo deciden libremente. No es que una para destacarse como mujer tenga que tener la mirada en lo que hace un hombre. Una puede elegir la maternidad y también está bien. Y si elige otra cosa y es el hombre el que se queda a cuidar a los chicos mientras la mujer es la que trabaja, eso también está bien. En mis equipos hay de todo: mujeres a disponibilidad cien, mujeres que trabajan y tienen chicos y para mí ya son heroínas. Esas que hacen todo en la casa, que tienen los chicos y que vienen a trabajar las horas que trabajan conmigo para mí son heroínas. Las admiro de verdad, no sé si hubiera sido capaz.

El feminismo en la sobremesa

Los primeros días de 2018 el feminismo encontró su momento de visibilización mediática a través de la pantalla de América TV. Fue cuando en el programa “Intrusos del espectáculo” aparecieron día por día las activistas feministas Luciana Peker (autora de Putita golosa, La revolución de las hijas y periodista del suplemento Las 12 de Página/12), Florencia Freijó, Ingrid Beck y Malena Pichot. El feminismo ya no estaba sólo en la academia, en las calles y en las asambleas, a partir de entonces estaba adentro de las casas, en la sobremesa familiar en la que muchas veces ni siquiera figuraba o era mencionado como una mala palabra. Pero ahí aparecía, no para ser banalizado sino a partir de las voces propias de las periodistas, humoristas y militantes.

–¿Cómo viviste ese momento como mujer, pero también como productora?

–Yo lo viví con normalidad. Las cosas en “Intrusos” afortunadamente fueron mutando. Es un programa que tiene más de veinte años. Al comienzo lo pensamos como un espacio en que los famosos y el chimento de sus vidas fueran un show divertido, con ironía y humor. En aquel momento en que no había redes sociales y todo podía ser una primicia, Rial sacaba el casete y preguntaba qué noticia tendrá, y podía hacer un programa de principio a fin con esa intriga. Ahora no podría pasar eso porque todo está en las redes. Hoy no hay primicia posible. Después mutó a un “Intrusos” más duro con personajes más bravos y después en ese verano que decís tuvo una mutación personal. Sus hijas crecieron, tuvo experiencias personales que lo llevaron a otras ideas. Siempre fue un programa donde sucedieron cosas, y las personas del espectáculo muchas veces lo eligieron para contarlas. A mí me parece bárbaro que eso suceda y las formas en las que fue evolucionando coincidieron con cómo cambió la sociedad. No era posible que sucediera esto antes, pero ahora sí hay un contexto que permite que muchas actrices cuenten cosas que antes no contaban. Y seguramente va a seguir evolucionando en ese sentido.

Una palabra prohibida

El 5 de febrero la actriz y comediante Señorita Bimbo dijo en “Intrusos” la palabra “misoprostol”, algo que casi nunca había tenido lugar en la televisión. Durante las horas siguientes la palabra fue la más buscada en Google en todo el país y fue muy nombrada durante el debate por el aborto legal.

–¿Qué opinión tenés de la legalización del aborto?

–Creo en las libertades individuales ante todas las cosas y creo que el Estado tiene que hacer posible que existan las libertades individuales para todas las personas. Aborto es una palabra muy dramática, de mucho dolor. No es una cosa para tomar a la ligera. Pero a la persona que atraviesa esto es su libertad la que le indica lo que puede hacer con su propio cuerpo. Y eso yo lo respeto. Aunque esté legalizado eso no indica que las personas se vean obligadas a hacerlo si no es lo que desean. Es una decisión personal, y va a seguir siéndolo. La legalidad debe existir y opino que en todos los ámbitos, tanto en la salud pública como en la privada.

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