Cultura y Libros

El día de la raza

Germán Padinger

Domingo 23 de Febrero de 2020

Contexto: En un capítulo anterior ("Hasta que la muerte nos separe"), los técnicos de Infopeek en Argentina se dan cuenta, por accidente, de que es posible trascender a la nube, a través del procedimiento que llaman enhancement, que consiste en, básicamente, enchufarse a Internet con unos cables en la nuca y navegar sin límites de tiempo o espacio.

El proceso de selección había durado casi nueve meses. Setecientos postulantes, de todos los rincones del planeta, se habían sometido a una lista aparentemente interminable de pruebas y exámenes. A pesar de la capacidad de cargar datos nuevos en el cerebro a través del enhancement, los responsables del programa habían insistido en exigir, a todos los postulantes, conocimientos adquiridos en forma tradicional. Se requerían, de esta manera, fluidez en al menos tres idiomas, experticia en los cinco principales lenguajes de programación, un conocimiento profundo de la historia del mundo, fundamentos de psicología, cibernética y neurología, así como también destreza en la teoría sociológica y un espíritu de aventura, entre otras cualidades.

Finalmente, hubo tres seleccionados: Michael Roberts, de treinta y dos años, nacido en Hoboken Estados Unidos; Guan Yu, de veintisiete años, nacido en Shanghai, China; Ricardo Lagos, de veintinueve años, nacido en Rosario, Argentina. Además de haber logrado un desempeño excelente en todas las pruebas a los que fueron sometidos, los tres postulantes estuvieron enteramente dispuestos al esfuerzo y los sacrificios que la misión necesitaría.

Walter Hall estuvo presente en la ceremonia de selección y estrechó las manos de los tres postulantes con su brazo original. Todos juntos se unieron al equipo de programadores que harían posible la misión y celebraron. Tomaron alcohol y bailaron.

Unos días después comenzaron los preparativos para eso que, después de concluida la fiesta, se dio por llamar "La colonización del ciberespacio".

Roberts, Guan y Lagos serían conectados al servidor madre de Infopeek a través de enhancement. Primeramente, su equipo de enhancement se actualizaría a la última versión: en vez de los cables, tendrían una conexión mínima al costado izquierdo del cuello y con una antena de onda corta. Luego, entrarían en el trance propio de toda navegación ordinaria y, entonces, un nuevo programa, diseñado contrarreloj por el equipo de Infopeek, subiría la mente de los tres seleccionados a la nube del ciberespacio. Se crearían, a su vez, carpetas virtuales para almacenar las mentes y también se pondría a disposición de ellos la memoria física para contener copias de seguridad. A continuación, el nuevo programa cercenaría el vínculo producido por el enhancement y, así, los cuerpos dejarían de tener utilidad, serían desconectados y luego donados a las universidades de medicina del mundo, para que los robots cirujanos aún en versión beta pudieran ser probados.

De esta manera, los tres hombres se convertirían en los primeros colonizadores en pisar voluntariamente un mundo nuevo, sin límites y sin capacidad de retorno.

En dos días realizarían el proceso. Antes, recibieron recomendaciones para tratar con Mauro Roth, el primer colonizador involuntario, cuando lo encontrasen. Se les dijo que tuvieran precauciones: Roth se había convertido en un terrorista virtual que muchos consideraban unido a la causa de los virgilios. Su cuerpo, ya desechado, no podía ser encerrado en prisión. Y su experiencia en el ciberespacio le daba una ventaja clara sobre los seleccionados por Infopeek.

Ricardo Lagos escuchó esas recomendaciones con el orgullo herido, perforado como una cáscara de mandarina, pero también con un gran sentido de la responsabilidad. Sabía que su participación en el programa se debía a su nacionalidad. Los creadores del programa habían decidido incluir un ciudadano argentino en el equipo, para así ostentar mayores posibilidades de entablar una relación con el rebelde. Lagos era el mejor candidato de toda Argentina, aunque nunca sabría si otros postulantes habían obtenido mejor puntaje en las pruebas, o si habían resultado más idóneos. Tendría que vivir con esa duda un tiempo que, cada vez más, se parecía a la eternidad.

Finalmente, el 12 de octubre, los tres cuerpos fueron desconectados y entregados a los representantes universitarios. El equipo de programadores de Infopeek, organizados en la sala de seguimiento, esperó a que los colonos establecieran contacto. El tiempo pasó. Hubo nervios y mucho silencio. Hasta que, cuarenta y tres minutos después, en la red social de la misión hubo un comentario lacónico: "estamos bien", firmado por Michael Roberts, capitán de la expedición. A Guan Yu y a Ricardo lagos les gustó el comentario. La sala de seguimiento estalló en ovaciones y festejos. La misión había sido un éxito: habían transmigrado al ciberespacio. Internet había sido colonizado.

Durante los días siguientes, los tres colonos reportaron lentamente sus actividades, a medida que lograban acostumbrarse a su nueva existencia. Se les preguntó por códigos, velocidades de transferencia y protocolos. Respondieron. Se les preguntó qué sentían. La respuesta tardó dos horas en llegar.

"Es como estar constantemente ocupado en la ecuación más difícil del mundo", dijo Roberts.

"Es como estar meditando", dijo Guan.

"Es como estar muerto", dijo Lagos.

Con el paso del tiempo, los colonos mejoraron su relación con el medio y fueron capaces de programar nuevos elementos, modificar los existentes y moverse, en definitiva, con relativa facilidad. También comenzaron a alejarse del protocolo y a navegar la red lejos del control de Infopeek. Roberts corregía artículos en diferentes enciclopedias cooperativas. A Guan le gustaba pasar sus horas libres en las salas virtuales de póker. Y Lagos recopilaba imágenes de Argentina.

La tranquilidad de esta primera etapa de colonización se rompió con la aparición de Roth. Había estado acechando en las salas de póker, hasta lograr, un día, hackear el código y conseguir que Guan, quien no había querido modificarlo él mismo, empezara a ganar todas las manos que jugaba. Su fortuna se acercó al producto bruto de pequeñas naciones.

"El dinero", programó Roth para que apareciera escrito sobre la representación virtual del paño rojo, "es una herencia de la carne en un mundo de información".

Luego, Guan cortó todo contacto con Infopeek y los otros dos colonos. Su fortuna fue rápidamente distribuida en muchas organizaciones. Y, a las dos semanas, volvieron a saber de él: por el espacio de veinticinco minutos, todas las restricciones de acceso en internet desaparecieron, y así fue posible acceder a todo el contenido de todos los sitios de todo el mundo. Había sido un proyecto de vandalismo en el que Roth trabajaba desde hacía nueve meses. En el momento de firmarlo, pudo leerse "Roth-Guan". Fueron veinticinco minutos de caos: los sitios de pornografía colapsaron; los portales de noticias sucumbieron; los artículos científicos estuvieron al alcance del tercer mundo; las comunicaciones y los documentos de inteligencia fueron revelados. Se calculó que más de veinte mil personas murieron en todo el mundo, fruto de los desajustes que el caos en la red produjo en el mundo material. Hasta que Roberts y Lagos cerraron la brecha.

Roth y Guan fueron declarados criminales por las Naciones Unidas. Por lo tanto, se preparó una segunda y tercera misión de colonos, para ayudar a Roberts y Lagos. Muchos de estos nuevos colonos desertaban a poco de la transmigración. Otros, en cambio, buscaban a los rebeldes con una ferocidad inusitada, fluyendo como información por todos los confines del ciberespacio, empujando la frontera más y más hacia lo desconocido.

En cinco años, la transmigración se hizo código libre y se ofreció al público en general. La población de todo el mundo comenzó a transmigrar en masa. Los cuerpos desconectados, que permanecían en un estado de coma, fueron más de los que la ciencia necesitaba, y no hubo más remedio que enterrarlos sin fecha ni lápida.

En menos de diez años, la perspectiva de una vida tranquila en el mundo, el sueño del desarrollo personal y la familia, y el paso del tiempo, se convirtió en una pesadilla medieval: escasez, dolor, pena, sufrimiento, incomodidad, esfuerzo y muerte. Frente a esto, la transmigración ofreció la posibilidad de existir como un código y un impulso eléctrico, con todo el conocimiento humano al alcance de un flujo, en un eterno estado de bienestar, y repitiendo, como en un bucle, una sensación, un recuerdo, el último nivel de un videojuego bélico y delirante.

Las fábricas empezaron a vaciarse. Los campos ya no se sembraron. Los servicios de agua y energía dejaron de funcionar, y la ciudad se convirtió en ruina, al tiempo que la humanidad abandonaba, para siempre, la atadura de los cuerpos.

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