Cultura y Libros

El arranque de una nueva editorial rosarina

Con títulos de la reconocida Florencia Lo Celso y la debutante Gilda Mondino irrumpe en el panorama local CR ediciones, conducida por Marcelo Cutró y Patricio Raffo. Un proyecto genuino que apunta a convertirse en alternativa para la creación literaria de la ciudad.

Domingo 02 de Septiembre de 2018

En estas épocas adversas para los proyectos culturales la aparición de un nuevo sello editorial significa un gesto de resistencia y, en sí, también de creación artística.


Desde Rosario, bajo la dirección de Marcelo Cutró y Patricio Raffo ―poetas con trayectorias que los respaldan de modo acabado para este emprendimiento―, con el aporte de la fotografía de Luisina Raffo y el diseño gráfico de Pablo Iguri, CR ediciones inicia su camino con dos cuidadas y esmeradas ediciones de dos poetas mujeres. Se trata de la voz ya consolidada de Florencia Lo Celso y el auspicioso debut de Gilda Mondino.

Asimismo, entre los próximos proyectos editoriales del sello se encuentran El crematorio de Almada, nouvelle de Billy Boldt; Tangata rosarina (fábula melodramática a orillas del Paraná), de Roberto Retamoso, un libro de cuentos y relatos a cargo de Ester Bossi y una antología de los alumnos del taller literario "Palabras a bordo", que dirige Patricia Bottale. También próximamente lanzarán un concurso de poesía cuyo primer premio será la edición de un libro. Abren así un camino, apostando por la palabra entre tanto ruido.

En lo que hace a las obras en concreto, Florencia Lo Celso ―autora de El color de nosotros junto a Rubén Plaza, La vuelta del instante y La palabra que nombra, gestora cultural y quien, como funcionaria, impulsara activamente el Festival de Poesía de Rosario en sus comienzos―, titula adecuadamente su último libro Como un silbo escondido, lo que refleja fielmente la intensidad de su poesía, en tanto que la lírica que sostiene sus poemas lo hace sin estridencias ni gesticulaciones.

En su mayoría textos breves y sin puntuación, donde se conjuga la construcción de la memoria, en tensión con el cuerpo y el deseo, para dar con la imagen. "No es hora todavía/ para que el alba/ abra la piel del río." Se vislumbra un paisaje, de río y de puerto, exterior e interior, que en la visión de la poeta y la apreciación de sus detalles, se traduce en poesía: "Otro color renace, otra transparencia es el sortilegio de las islas que canta su melancolía", y que recíprocamente permite constituir el yo en esa poesía: "Somos este río que nos moja y se mete en las entrañas". El cruce y tensión entre el encuentro y la búsqueda que subyace en los poemas se hace evidente.

El cuerpo se constituye en espacio que contiene la impresión de lo vivido, "fina piel que resiste el olvido"; lo sensorial sosteniendo lo pasado: "Aquella naranja/ enciende/ el recuerdo".

Presente también la búsqueda del otro: "Descubriendo el pulso/ de la voz/ cuando me habitas", e incluso el erotismo, "me gusta/ que hagas hablar/ al mudo musgo/ y este callado/ grito/ que contengo".

Dividido en seis partes, la sección "Cuatro" se diferencia particularmente del resto por los homenajes. Los poetas, con Huidobro, Juarroz, Gelman, Neruda y también Caloi y su entrañable Clemente.

Dice Lo Celso, "la niña imagina que existe una isla distinta en donde el misterio crece y florece en lugares insólitos". Quizá esa niña haya encontrado su isla precisamente en la poesía y hoy nos regale sus versos.

En el caso de Gilda Mondino, en su primer libro editado ―que incluye fotografías de Luisina Raffo―, No pidan peras, muestra una subjetividad convulsionada, que se vuelca en poemas intensos, con imágenes por momentos oníricas o hasta barrocas, pero que nunca dejan de lado lo existencial, en su faz convulsiva. Ese "cielo y tierra, luz y sombra, entramados en su equilibrio vibrante" que señala Maia Morosano en la contratapa.

Desde el comienzo, hay un sujeto lírico que nos dice "camino con la soga atada al cuello/ y rezo para que el zinc salve mis papas". Y esa fuerza interna rebalsa "en vertientes del yo multiplicado", que da cuenta de cierta incomodidad —"Tengo el intestino raro. Rara la cabeza, raro el deseo"— y deviene en un grito que se sostiene a lo largo de estos poemas. "Es lo que hay: una freaky, un intento".

Poesía que se tensa sobre el propio cuerpo: "…si en mi carne,/ donde el terreno es álgido y rocoso,/ las matas pinchan duro y desparejo…".

Textos que parecen brotar desde una herida existencial, cauterizada por momentos por el amor, pero agravada precisamente por el abandono: "Cuando ella se me vaya,/ quedará sólo un rezo y un malvón encendido."

Eludiendo las medias tintas, consigue imágenes fuertes, que indagan en las zonas extremas: "El ánfora agujereada del deseo/ destiló entre su flujo la locura", y no evitan los aires fúnebres: "Congregará difuntos y partirá con ellos pan amargo".

En esta apuesta por catalizar lo propio y catalizarlo en imágenes, Gilda Mondino inicia su obra de un modo jugado y también promisorio.

Gilda Mondino. Comienzo promisorio.

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