Sábado 15 de Octubre de 2022
En Galería Jamaica pasan cosas y eso sucede por la comunidad que la habita, desde su dueño –el artista y gestor Federico Cantini–, que volvió a su pago en 2018 después de vivir en México y Buenos Aires y decidió generar un espacio “para ver lo que me gustaba”, hasta los creadores y el público que la frecuenta. Esa pulsión impulsó la creación de uno de los lugares más efervescentes de la ciudad gracias a priorizar artistas jóvenes y, especialmente, a quienes asisten a sus activaciones que exceden el recorte habitual del circuito tradicional de galerías.
“Amigos” es una palabra que circula mucho entre Cantini y los artistas que exponen en sus dos salas, Nazareno Marengo y Cristian Osuna, quienes configuran la dupla que rompe con la secuencia de muestras individuales que hasta ahora había tenido la galería. Santa pereza y Pateando basura son los nombres que eligieron para dar algunas pistas sobre sus producciones y el proceso de trabajo que contó con el apoyo fundamental de Maximiliano Masuelli como curador. Los tres resaltan su compromiso con la exposición a partir de un intercambio de ideas que aunó mucho diálogo, información y generosidad para transmitirla.
Gran parte de lo que sucede en Jamaica puede pensarse en relación al concepto de “formaciones”, esbozado por el inglés Raymond Williams, sociólogo de la cultura que contribuyó a entender las tramas que hicieron posible el modernismo estético a partir de agrupaciones y vínculos entre los creadores, más allá de los documentos escritos que daban cuenta de las búsquedas formales e ideológicas de sus protagonistas. Marengo y Osuna son amigos desde antes de cursar la carrera de Bellas Artes de la Facultad de Humanidades y Artes y también compartieron varios años de militancia política en agrupaciones estudiantiles. En gran medida señalan al “club” como responsable de decantar estas producciones que se pueden ver en la galería hasta mediados de noviembre. “El club” (en su instagram: @elclub.ros) se define como un “Club de amigxs y talleres de artistas en la ciudad de Rosario” y, por supuesto, sus socios se dieron cita en la inauguración para compartir la alegría de exhibir a un público más amplio el trabajo realizado de dos de sus miembros.
Más allá de sus singularidades, hay algo que enlaza a estos artistas y es la mirada consciente a las tradiciones del arte local en obras que actualizan honrosamente ese legado. En Santa Pereza, de Nazareno Marengo, se dan cita los maestros de principios de siglo, la mayoría extranjeros, que llegaron a la ciudad y combinaron en su obra producciones autónomas y “artes aplicadas” con las que decoraron teatros y residencias. Como su tocayo Nazareno Orlandi, Marengo se abocó a un cielo raso pero a partir de grandes bastidores de tela unidos que se superponen al techo original de la sala. Técnicas, materiales y contenido dialogan en una escena que remite a un esplendor histórico en un cielo que recupera, en clave contemporánea, las pinceladas filamentosas de luministas como Orlandi o Salvador Zaino. En esta gran pintura no se ven ninfas ni figuras mitológicas, aunque se puede pensar en alegorías que representan el mundo del trabajo duro y pesado y la necesidad imperiosa del respiro que otorga la labor artística frente él. Como sus predecesores, en Nazareno Marengo confluyen estas obras site specific y pinturas que devienen de sus paseos y se materializan en pequeñas notas de la costa rosarina o en murales dispersos en diversas zonas de la ciudad.
Por su lado, Cristian Osuna se detiene en el clima enigmático del suburbio, uno de los temas predilectos de los plásticos durante el período de entreguerras, trabajado recurrentemente por integrantes de la Mutualidad de Estudiantes y Artistas Plásticos como Antonio Berni y Leónidas Gambartes. En estos nocturnos produce una torsión en su producción, antes dominada por blancos de color, y opta por tonos desaturados que revisten de misterio las fachadas y calles de Arroyito, Empalme Graneros o la zona sur. Entre Baudelaire y la flâneurie como actividad de inspiración estética, Pateando basura condensa ese discurrir por las calles en la densidad de la noche, entre la melancolía, la descarga y la introspección. Un interior doméstico se destaca en una pintura de gran formato y también retratos de amigxs y compañerxs que evidencian lo inagotable de esos tópicos de la pintura que adquieren actualidad cuando un artista reflexiona, produce y se reconoce como parte de un camino transitado por colegas históricos y consagrados que operan como referentes del camino propio a recorrer.
Galería Jamaica (@galeriajamaica) está en Rodríguez 211, y abre de lunes a viernes de 15 a 19.