Cultura y Libros

Así escribe

Domingo 18 de Marzo de 2018

Esta es la ciudad de las bienvenidas hostiles y las despedidas desgarradoras.

La ausencia es la más poderosa de las existencias.

Los aplausos afilan los dientes de las brujas y una oscuridad de todas las texturas

brilla en la ciudad que con espuma de cerveza se burla

de las ansias de posesión.

Praga es un texto

que no da puntada sin hilo una enorme costura

que no deja ver nunca sus lados ilesos.

Praga tiene una marca de nacimiento: su crepúsculo precoz.

Las alturas de las calles de Praga son tatuajes hechos de polvo que sangra el reloj astronómico mientras susurra el último enigma de los ahogados.

Esa es la hora del lobo la hora en que mueren y nacen más personas

justo antes del amanecer.

Las gárgolas de la catedral Vito

y los santos del Puente de Carlos se abrazan y se arrancan a pedazos la culpa de no haberte sostenido.

El que mejor conoce París del Este es el que nunca estuvo.

La luz de la torre Eiffel del Este ilumina lo que brilla

por su ausencia.

Desde el Espacio no se ve la muralla china

pero se escucha la suma de las músicas de Praga.

Es la ciudad más fácil de crear y la más difícil de creer

viajar a Praga es hacer

una carta astral con el cuerpo.

Praga es el Ecuador de la vida las Indias de la muerte

la China de la tierra prometida.

Praga es una ruleta rusa con dados sin remitente y cartas sin destinatario

el deporte extremo de escalar la muerte

un juego de mesa en el hospicio.

En París del Este tiene úlcera el sol cataratas el arcoíris hipo el horizonte.

El viejo continente

es un árbol genealógico en poda que la ciudad luz ilumina

y París del Este llena de sombras.

Cuando te escuché decir

que de grande ibas a ser astronauta conocí el mar.

De París a Praga sin palabras de los labios al paladar

los noventa grados del calor de la absenta.

París del Este es termómetro de la vida y aperitivo de la muerte.

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