Cultura y Libros

Apasionado y curioso

Suena el ring tong que anuncia un chat en el messenger de Facebook. Es Carlos Scolari. Antes de leerlo me pregunto si me escribirá desde Barcelona o desde algún otro lugar del mundo.

Domingo 01 de Septiembre de 2019

Suena el ring tong que anuncia un chat en el messenger de Facebook. Es Carlos Scolari. Antes de leerlo me pregunto si me escribirá desde Barcelona o desde algún otro lugar del mundo. Carlos viaja mucho para dar conferencias o asistir a eventos en lugares tan distantes como Quito o Shangai.

Leo el chat. Me cuenta que pronto vendrá a Rosario a presentar su último libro. “Me gustaría que tomemos un café para cambiar figuritas”, dice y ya sé lo que significa. Es lo que suele pasar en nuestras conversaciones virtuales o cara a cara, aunque la última en persona haya ocurrido hace ya un par de años: él me pone al día con las materias de sus investigaciones y yo le cuento novedades sobre la vida de los medios en Rosario.

Esas charlas extienden un vínculo que empezó hace años. Fue en 1982, cuando iniciamos la carrera de Licenciatura en Comunicación Social, en la Facultad de Ciencia Política de la UNR. Eran tiempos de finales de la dictadura y de mucha efervescencia académica y política. No sólo estudiábamos: también militábamos para que los militares asesinos dejaran de usurpar la República y terminaran algún día en los tribunales.

Carlos no tenía por entonces un perfil muy alto. Era un tipo tranquilo, con el que podíamos discutir de los problemas de la facultad o de política sin llegar nunca a la crispación y menos a la ruptura. Ahora que lo pienso, esa era una marca de época: no había grieta, porque pensáramos como pensáramos, todos queríamos lo mismo. Basta de dictadores mesiánicos.

Carlos se recibió en 1985 y lo perdí de vista. Mucho después supe que se había ido a vivir a Europa, primero a Italia y más tarde a España. No fue de paseo: estudió, se doctoró y plantó la semilla que años después lo convertiría en un referente de los nuevos lenguajes y plataformas que aparecieron con la revolución tecnológica y la masificación del uso de internet. Hoy es eso que llamaríamos un gurú en esas temáticas, un Marshall McLuhan de estos tiempos. Ignoro cómo le caerá que escriba esto.

Pasó el tiempo y las redes sociales volvieron a encontrarnos. En algún momento también pudimos reencontrarnos personalmente en una de sus visitas a Rosario. Cuando habla de los temas que domina, Carlos es un apasionado al que da placer escuchar. También es curioso: quiere saber cosas sobre su ciudad, sobre los medios, sobre la situación política. Pregunta. Escucha. Le gusta “cambiar figuritas”.

Es seguro que volverá a pasar en este viaje, pero lo más interesante es que hablará para el público local de su último libro. Será una buena oportunidad para escucharlo. Tratándose de él, conviene hacerse buenas expectativas.

J. S.

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