Rizobacter

Cultivos de invierno. Semillas: analizar su calidad optimiza el control de patógenos

Realizar un análisis de calidad de las simientes que se utilizan para la siembra de trigo es clave

Jueves 18 de Junio de 2020

Realizar un análisis de calidad de las simientes que se utilizan para la siembra de trigo es clave para elegir el tratamiento de semillas más adecuado y, así, lograr la germinación y desarrollo inicial del cultivo. Además, se recomienda conocer el perfil sanitario del cultivar y realizar las rotaciones de cultivos para mejorar la acción de los terápicos.

Los especialistas coinciden en que el puñado de semillas que se lleva al laboratorio esconde la información de gran parte del futuro del cultivo. Pese a que a veces se realiza en apuros, con poco tiempo porque apremia la fecha de siembra, el análisis de calidad de simientes resulta una decisión acertada, debido a que provee información clave para conseguir un cultivo vigoroso: una semilla sana origina una plántula sana.

De acuerdo con Mercedes Scandiani, especialista en protección vegetal, “conocer el perfil sanitario de la variedad, la sanidad de las semillas, los patógenos de suelo más prevalentes según la región y las condiciones ambientales probables durante la emergencia a campo contribuyen a elegir el terápico más adecuado”.

Desde el punto de vista estratégico, Scandiani explicó que “contar con un buen diagnóstico de la sanidad y considerar los niveles de tolerancia por encima de los cuales el lote no tiene aptitudes para su uso como ‘semilla’ permiten proteger la fungitoxicidad de los ingredientes activos que componen los curasemillas y retrasar la aparición de cepas de los patógenos con resistencia genética”.

Si bien no existen niveles de tolerancia indicados para la Argentina, según la información de otros países, la muestra de semilla debería presentar infecciones menores al 4 % de hongos que causan manchas foliares como las Drechsleras y tener entre 30 y 50 teliosporas de Tilletia por semilla y de 0,01 a 0,5% de embriones infectados con Ustilago.

“En esos niveles se recomienda tratar la semilla con terápicos específicos, por encima de esos umbrales se debe descartar su uso como semilla”, apuntó Scandiani, quien agregó: “Es importante tener en cuenta que no todos los cultivares se comportan igual frente a las enfermedades y que, en algunos, un pequeño número de semillas infectadas puede causar mayor daño que en otros cultivares”.

Con el objetivo de optimizar la acción de control de los terápicos, Gabriel Mina –responsable de la línea de terápicos de semillas de Rizobacter– recomendó: “Si se determina la calidad completa del lote de semillas, se conoce el perfil sanitario del cultivar y se realizan rotaciones, el tratamiento de semillas con fungicidas puede tener un papel muy destacado en el control y retraso de las enfermedades foliares”.

Elegir el tratamiento adecuado

Se llama terápicos de semillas al conjunto de productos que protegen las semillas y las plántulas del ataque de hongos e insectos durante el desarrollo inicial del cultivo. En el mercado, existen diversos tipos de curasemillas según su modo de control: hay productos que son sólo fungicidas y otros de protección integral que suman una acción insecticida.

El último avance de la ciencia en materia de protección de cultivos son los fungicidas de síntesis biológica. “Esta nueva línea de curasemillas, basados en principios biológicos, busca sumar nuevos modos de acción fungicida para minimizar los riesgos de resistencia y agregar mayor persistencia de control”, indicó Mina.

En tanto, Scandiani resaltó que “los biofungicidas de comportamiento endófito resultan una alternativa para tener en cuenta, debido a que muestran grandes ventajas adaptativas y no presentan riesgos de que los patógenos generen resistencia”. Sin embargo, aclaró: “No existe un tratamiento único de control de patógenos de semillas, sino una diversidad de posibilidades según cada situación particular”.

Sobre este punto, surge el caso testigo de Rizoderma. Este biofungicida, desarrollado en conjunto por el INTA y Rizobacter, está basado en la cepa Trichoderma harzianum 2 (Th2) y permite controlar la mayoría de los patógenos de gran relevancia en cereales de invierno, como Fusarium, Drechsleras, Bipolaris, Tilletia, Ustilago y Alternaria.

“Los tiempos cambian, las tecnologías evolucionan y los técnicos se capacitan en forma constante. Por eso, desde Rizobacter desarrollamos e investigamos nuevas tecnologías de protección biológica que no sólo son más sustentables con el ambiente, sino que además resultan más efectivas que las tradicionales que existen en el mercado”, destacó Mina.

Por último, ambos especialistas recomendaron que, a la hora de elegir un curasemilla, lo primero que deben realizar los productores es acercarse a su laboratorio de confianza para conocer la calidad germinativa y sanitaria de la semilla. Seguidamente, es vital rotar los modos de acción y prestar mucha importancia a su aplicación. “Producto que no se adhiere sobre la semilla no es efectivo y mucho menos persistente”, advirtieron.

Para conocer más sobre estos temas, el 3 y 4 de noviembre se realizará el 1° Congreso Argentino de Semillas organizado por la Asociación de Laboratorios Agropecuarios Privados (ALAP) con el apoyo de la Universidad Nacional de Córdoba.

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