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Pablo Rojas, el escalador de montañas

Pablo Rojas hacía changas en una verdulería y contaba apenas monedas a fin del día. Necesitaba otro ingreso. Buscó y buscó sin suerte, hasta que un día llegó al relleno Norte 3, en el camino del Buen Ayre. Sobre media tarde, centenares de cartoneros eran habilitados por Coordinación Ecológica Area Metropolitana (Ceamse) a ingresar y recolectar materiales sobre las montañas de basura. Era el país que dejó la crisis de 2001.

Jueves 16 de Octubre de 2008

Pablo Rojas hacía changas en una verdulería y contaba apenas monedas a fin del día. Necesitaba otro ingreso. Buscó y buscó sin suerte, hasta que un día llegó al relleno Norte 3, en el camino del Buen Ayre. Sobre media tarde, centenares de cartoneros eran habilitados por Coordinación Ecológica Area Metropolitana (Ceamse) a ingresar y recolectar materiales sobre las montañas de basura. Era el país que dejó la crisis de 2001. Pablo pensó que la montaña de basura le podía ofrecer algo también a él. Tomó coraje, y la trepó.

Cuando entró por primera vez a recolectar al Ceamse no sabía bien cómo ni qué juntar. Después le fueron explicando, y aprendió. En 2004, el año que nació su hija, Pablo se contactó en el relleno sanitario con una prima que lo invitó a participar de las reuniones para constituir entidades civiles de recicladotes, actualmente existentes.

Vidrio, plástico, papel. Ahora Pablo es un experto en materiales y sabe perfectamente cómo vender bien cada cosa, y a quién. Por eso lo eligieron, por votación, como el encargado de "La Esperanza del Rey", una de las cuatro cooperativas de recuperadores que funciona dentro del predio del Ceamse.

Desde su casa, en el vecino partido de Tres de Febrero, hasta el relleno del Ceamse hay casi 10 kilómetros. Pablo siempre los caminó de ida, y de vuelta, cargado con su cosecha de la montaña de basura. Eran tiempos donde no sobraba nada, ni siquiera el calzado, "subíamos a la montaña en ojotas" dice, de su propia y reciente historia.

Los cartoneros, recicladores urbanos, el último eslabón social, los que se cayeron del mapa laboral hace 15 años y más especialmente en 2001, constituye el 1 por ciento de la población de las ciudades argentinas. Ciento veinte mil en el Gran Buenos Aires, doce mil en el Gran Rosario. Y otro tanto en el resto de las ciudades argentinas.

Un cambio de vida

Amparados por el Ceamse, que les otorga en comodato la infraestructura para trabajar (galpones, cintas transportadoras, entre otros elementos), cuatro plantas sociales de recuperadores ocupan a 500 personas que cobran salarios de 1.200 pesos de bolsillo, promedio, por ocho horas de trabajo, vacaciones, aguinaldo y la posibilidad de enfermarse sin perder el jornal.

La materia prima sigue siendo la basura. Trabajaban con residuos antes de incorporarse a las plantas sociales en el Ceamse, y trabajan con residuos ahora. Nadie puede sentirse gratificado al manipular residuos, pero hay modos y modos de hacerlo. Ahora Pablo tiene un sueldo seguro, tiene zapatillas para trabajar, y ya no camina ida y vuelta al trabajo. Viaja desde su casa al relleno en bicicleta.

El residuo que reciben las plantas sociales no es cualquier basura. Una parte corresponde a una red de empresas que bajo el concepto de Responsabilidad Social Empresaria entregan residuos susceptibles de ser reciclados, y el resto corresponde a barrios de altos ingresos del Gran Buenos Aires, countries y barrios cerrados. En ningún caso llegan a manos de los recuperadores residuos desde la Capital Federal, los de mayor compactación y de casi imposible separación ulterior.

La planta que dirige Pablo, "La Esperanza del Rey", bautizada así por los propios trabajadores, mayoritariamente vecinos del barrio Esperanza, cercano al relleno, recibe unos siete camiones cargados con cuatro mil kilos de residuos vip, cada uno y por día.

Las plantas sociales surgieron como una alternativa frente a una realidad. ¿Cómo hacer para continuar recuperando sin subirse a la montaña de descarga de basura?, fue la pregunta. Allí surgieron las asociaciones civiles que conducen cada planta, que a su vez tienen convenio con Ceamse. En la práctica, las asociaciones civiles de recuperadores son estructuras fomentadas, armadas, y sustentadas desde el Ceamse, aunque tienen independencia en la comercialización de los elementos vendidos.

Más aspirantes

Los trabajadores de las plantas sociales no son trabajadores del Ceamse. Sin embargo, "hay una lista de unos 500 interesados en ingresar a las plantas", aseguró Pablo Rojas a CrónicasdelaTierra.. Otro tanto sucede con nuevas asociaciones civiles constituidas o por constituir que aspiran a ingresar al predio del Ceamse y montar una nueva planta de recuperación de materiales. "Tenemos una pila de cartas de intención solicitando ingresar como plantas de recuperación" confirmó Marcela Pazzuoli, socióloga de la Universidad de Buenos Aires, jefa del Departamento de Plantas de Separación, Clasificación y Reciclaje del Ceamse, donde operan los cartoneros ahora integrados.

Antes de constituir las asociaciones civiles, el Ceamse organizó los grupos, consolidó las asociaciones civiles e instruyó en materia operativa, organizativa y de comercialización. Sin embargo, las condiciones de trabajo notablemente mejoradas de los "cirujas" o "quemeros" –como se autodenominan– tras el paso a la formalización a través de las asociaciones civiles, no logró erradicar ciertas prácticas y "modos culturales", aseguran desde el Ceamse. Y están referidas con la seguridad e higiene en el trabajo.

"Logramos que los compañeros usen guantes para manipular la basura, pero aún no podemos convencerlos de que usen barbijos" reconoció Pablo. En un mediodía con 20 grados de temperatura ambiente, CrónicasdelaTierra. comprobó que el aire que se respira dentro del galpón de "La Esperanza del Rey" tiene olor fuerte, al menos para personas con sentido olfativo sensible. ¿Qué sucederá en ese mismo sitio una tarde soleada de enero?

La tarea principal del enorme Ceamse es encontrarle una disposición final a los Residuos Sólidos Urbanos del área Buenos Aires. E ir incrementando los procesos de recuperación y reciclado de materiales, de manera progresiva, con el objetivo de evitar el pronto colapso de los rellenos sanitarios existentes. Sin embargo, participar en la creación de puestos de trabajo y restituir a la condición asalariados para aquellos que están en lo más profundo de la escala socioeconómica, constituyó tal vez el aporte más significativo ante la crisis.

Los cartoneros informales continúan ingresando al Ceamse a media tarde, y trepando la montaña de basura para resolver su desesperada existencia. Pero en un número muy inferior al de los tiempos más duros de la crisis, antes de que las plantas sociales se pusieran en marcha, en 2005.

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