El comercio exterior agroalimentario argentino sigue marcando un rumbo sólido en el escenario internacional
Jueves 02 de Octubre de 2025
Según datos difundidos por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) y publicados en el sitio oficial argentina.gob.ar, entre enero y agosto de 2025 se certificaron exportaciones por más de 62,3 millones de toneladas de productos agroalimentarios. De ese total, más de 61,6 millones correspondieron a productos de origen vegetal, mientras que el resto —unos 746 mil toneladas— fueron de origen animal.
Este desempeño refleja no solo el dinamismo del sector agroexportador, sino también la capacidad del país para sostener e incluso ampliar su participación en los mercados internacionales. En comparación con el mismo período del año anterior, se verificó un crecimiento del 10% en las certificaciones de exportaciones vegetales.
Entre los productos vegetales más requeridos por el exterior se destacan el grano de maíz, con más de 24,4 millones de toneladas certificadas, seguido por la harina de soja con 14,1 millones, y el trigo, que superó los 8,9 millones de toneladas. Esta performance estuvo acompañada por una demanda sostenida de países como Vietnam, que recibió más de 7,5 millones de toneladas, China con 6,3 millones, y Brasil, que superó las 4,8 millones de toneladas.
Por el lado de las exportaciones de origen animal, los principales productos certificados fueron los derivados de la ganadería bovina (más de 576 mil toneladas), seguidos por productos aviarios, ovinos y en menor medida bubalinos.
Desde el Senasa remarcan que este volumen exportado es resultado de un trabajo coordinado con el sector privado, orientado a garantizar tanto la sanidad como la inocuidad de los productos que se consumen en el país y en el mundo. La tarea del organismo es central, ya que actúa como autoridad de fiscalización y certificación en toda la cadena agroalimentaria, acompañando a los productores y empresarios que colocan sus productos en los mercados globales.
El rol del Senasa no solo es técnico: su intervención también es estratégica. A través del diálogo constante con el sector exportador, se abren y mantienen mercados, se fortalecen los estándares de calidad, y se consolidan regiones productivas que dependen de la exportación como motor de crecimiento.