Tras la firma del acuerdo UE–Mercosur, se abre una nueva etapa atravesada por debates legales en la Unión Europea y el avance de las ratificaciones
Viernes 06 de Febrero de 2026
Tras la parálisis de diciembre de 2025, provocada por las reticencias de Italia y el histórico rechazo de Francia, el inicio de 2026 marcó un hito en la historia de esta asociación birregional: la firma oficial del acuerdo UE-Mercosur el pasado 17 de enero en Asunción.
El éxito diplomático fue producto de una ofensiva de Bruselas que logró el "sí" de Italia mediante una serie de concesiones diseñadas a medida. Entre estos incentivos destacaron especialmente la suspensión temporal de los aranceles a la importación de fertilizantes y abonos, y el adelanto de pagos a los agricultores en el próximo periodo presupuestario (2028-2034). Con este movimiento, Italia logró apaciguar las demandas de su sector agrícola, permitiendo que la Unión Europea alcanzará la mayoría cualificada necesaria para autorizar la firma.
No obstante, el consenso institucional fue breve. El miércoles 21 de enero, el Parlamento Europeo decidió paralizar la aprobación del tratado al solicitar un dictamen al Tribunal de Justicia de la Unión Europea para revisar su compatibilidad con los tratados comunitarios. Esta solicitud de la Eurocámara busca cuestionar, por un lado, la validez legal del mecanismo de reequilibrio, bajo la premisa de que podría afectar la autonomía regulatoria de la UE; y por otro, la base legal elegida para su aprobación, que permite que los capítulos comerciales (splitting) se ratifiquen sin el consentimiento de los parlamentos nacionales. En términos de previsibilidad, esta remisión a la corte comunitaria congela el proceso, ya que un dictamen de esta naturaleza suele demorar entre 18 y 24 meses.
A pesar de este bloqueo legislativo, el Ejecutivo europeo asegura que dispone de herramientas legales para la aplicación provisional de la parte comercial, siempre que al menos un estado miembro del Mercosur ratifique el acuerdo. Esta posibilidad ha sido calificada por Francia como una "violación democrática", postura que sumada al recrudecimiento de las protestas del campo, oscurecen el panorama para el bloque europeo. Por su parte, esta dilación no ha estado exenta de repercusiones en el bloque mercosureño: la ausencia previa de Lula da Silva en la ceremonia de Asunción ya anticipaba ese agotamiento regional, dando cuenta de que, en este complejo escenario, el factor externo resulta determinante.
Bajo esta lógica de urgencia estratégica, la UE ha demostrado una velocidad distinta para otros socios, como evidencia el reciente cierre del acuerdo de libre comercio con la India, calificado como la “madre de todos los acuerdos”. Este pacto demuestra que, ante una menor resistencia del sector agrícola europeo y la urgencia de diversificar mercados, la UE puede actuar con rapidez. El contraste deja una conclusión clara: mientras el vínculo con la India avanza sin los obstáculos del sector agrícola, el proceso con el Mercosur vuelve a encallar en el Parlamento Europeo, evidenciando que el bloque sudamericano enfrenta una sensibilidad política que otros socios no encuentran, en un contexto donde Estados Unidos y China ya despliegan sus propias estrategias para la región.
Hacia adelante, los países del Mercosur han decidido mantener su respaldo y avanzar con sus propias ratificaciones parlamentarias. Argentina y Uruguay aceleran sus trámites internos, conscientes de que el bloque no puede esperar otros 25 años. Los hechos de este enero confirman que la negociación no ha dejado de ser cansina; la firma fue un paso histórico, pero a la asociación estratégica le resta un camino largo. Como bien había advertido Lula da Silva, sin una decisión política firme el acuerdo corría el riesgo de ser una promesa eterna; hoy, esa voluntad se enfrenta a otro examen de firmeza.