Colinas del Recuerdo, el edén donde los difuntos ya no tienen descanso
El predio está planificado para 12 mil parcelas, tiene 8.993 delimitadas y 335 ocupadas. En la ciudad fallecen 25 personas por mes. Con este índice ahora se habla de negocios

Domingo 16 de Agosto de 2009

Victoria.— Es una colina, a cinco kilómetros de Victoria, una conservadora ciudad entrerriana de 40 mil habitantes en la que mueren unas 25 personas al mes. En la colina hay unas cuantas tumbas, algunas sin nombre, que esperan su destino terrenal. El cementerio será rematado el 31 de agosto y los vivos se pelean por su posesión. Para los enterrados la eternidad no es garantía de nada.

El cementerio Colinas del Recuerdo tiene 335 parcelas vendidas, el predio está planificado para 12 mil, de las cuales 8.993 están delimitadas, aunque solamente están ocupadas las "300 y pico, bien no se sabe", como dice un deudo. Porque la gente sigue visitando a sus muertos queridos. El precio de remate es 71.180 pesos por las cinco hectáreas que ocupa. "Creo que si una hectárea en estos campos valen unos 8 mil dólares, este terreno no puede valer lo que está tasado, menos de la mitad", dice Nilo Bruno, el rematador de Victoria.

Es el único cementerio privado. El municipal está “destruido”, como dicen , y hay que buscar opciones.

En las tumbas se repiten historias, Un padre que murió un año después que su joven hijo. Un viudo que no soportó más de 8 meses la vida sin su mujer. En una hay enterrados un hombre y dos mujeres de la misma edad con el apellido del primer difunto. La imaginación tiene pasos inseguros en la colina perforada de muertos.

“Se hace saber que los inmuebles a subastar— parcelas y capilla—se encuentran afectados al funcionamiento de un cementerio privado”, dice el edicto, y ahí comienzan las disputas.

Nilo Bruno, el rematador, explica que en ningún lado dice que “debe seguir siendo un cementerio”, otros dicen que “debe seguir siendo un cementerio, segun las ordenenzas municipales no se puede hacer otra cosa”. A Bruno lo llamaron interesados de Buenos Aires, Rosario, Santa Fe y Paraná, “toda gente del rubro”, dice. El remate es con base, si no hay ofertas se suspende; no hay retasa ni pujas sobre monto cero. Bruno cree que vale más, los interesados que vale menos. El 31 de agosto a las 11 será el día de las definiciones.
  
El interesado. El hombre baja de un auto japonés. En la “empresa”, como la llama, lo aguardan inmensas salas, tres Mercedes y muchos ferétros. Es Fabián Martínez, dueño de San Cayetano, la casa fúnebre interesada en comprar el campo de los muertos. “Hace 40 años que estamos acá. Esta ciudad sabe que somos serios—dice mientras acomoda su corbata negra sobre su camisa negra en su impecable traje a rayas, negro—. Y nosotros teníamos pensado un cementerio privado. Este no vale mucho más de lo que piden”, dice, y camina en su territorio.

Luego contará que “se puede ver el servicio por internet”, y que “el cementerio es el último eslabón de la cadena y nosotros los tenemos todos. Para un cementerio privado se precisan 100 mil habitantes; Victoria tiene 40 mil”. Analiza el negocio. “Esto no se puede revender. Sólo sirve para cementerio y no es rentable, hay que poner mucho dinero y comprarlo es perder plata”. Martínez quiere comprar igual. La tasa de muerte es de 25 por mes. Aunque los números no cierran, él tiene la estructura.

Para el rematador Bruno la cosa es más fácil. “Si una hectárea vale entre 8 mil y 10 mil dólares, ese terreno no puede valer 70 mil pesos. Además se puede poner cualquier negocio. En el pueblo están seguros de que va a ser un cementerio. “estábamos preocupados, pero ya dijeron que no van a sacar los muertos y esperamos que esto termine” dice un deudo compungido.

En Argentina hay unos 300 cementerios privados. Luis, un empresario de Buenos Aires interesado en el negocio, descarga: “Hay que poner mucha plata en el Colinas, remover la tierra, mantenerlo, cargar con el personal y que la gente esté bien”. La “gente” son los muertos y no puede haber menos de cuatro metros entre las parcelas. “Nadie entierra un muerto, se entierra un padre, una madre, un hermano”, cuenta.

En el imaginario los muertos queridos siguen vivos, y esto los “funebreros” lo saben. El paraíso sin pasos previos debe ser maravilloso y eso “cuesta”. Ahora rematan el Edén ¿Será negocio comprarlo?