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Caso Maxi: la jueza cree que el menor involucrado no dice todo

La titular del Juzgado de Menores ampliará la indagatoria al coautor Lucas P, de 17 años Es por el crimen del joven de Casilda. La magistrada se refirió al contexto de los homicidas.

Miércoles 07 de Septiembre de 2011

Casilda.- Lucas P, el menor de 17 años que está implicado junto a dos jóvenes mayores de edad en el aberrante crimen de Maximiliano Storani, ampliaría la semana próxima su indagatoria en el Juzgado de Menores de Casilda a cargo de Cristina Pecoraro. La jueza cree que el joven no dijo todo lo que sabe en su primera declaración, y espera poder profundizar la información.

En aquel primer encuentro con la magistrada, el chico confesó que estuvo en la escena del hecho, aunque aseguró que intentó separar mientras Maxi era golpeado por Adrián A (19) y Damián P (20), además de haber oficiado de campana "para vigilar que nadie se acercara al lugar". Visiblemente nervioso relató ante la magistrada algunas de las circunstancias del atroz suceso, en compañía de sus progenitores y un abogado casildense que acudió para prestarse al servicio de Justicia aunque luego renunció argumentando su condición de funcionario público.

El chico, que ahora tendrá como defensor al abogado rosarino Lucas Altare, continúa alojado en la alcaidía de menores de la UR-IV Caseros, con asiento en Casilda, por el delito de homicidio calificado, cuya tipificación podría variar o no una vez establecido el grado de responsabilidad que le cupo en el caso.

Todo indica que el menor no habría manifestado todo lo que sabe. Al menos esa es la mirada de Pecoraro, quien admitió su sensación de que el testimonio aportado "tiene un vacío de contenido". No obstante, resulta sustancioso para el caso que se investiga que haya reconocido haber participado del episodio.

"No es inseguridad". "Este no es un hecho de inseguridad, tiene otro trasfondo", consideró la jueza Pecoraro al ser consultada por este diario sobre los ribetes que rodean al caso.

Para la magistrada, más allá de las circunstancias y el móvil del crimen, el episodio esconde una problemática de origen vinculada a razones socioeconómicas y culturales que influyeron en la conducta y personalidad de los jóvenes implicados. "Esas cuestiones -dijo- son básicas en la constitución del ser humano y la formación de valores, que estos chicos no registran al estar inmersos en un ámbito donde matar o lesionar al otro es tan común como comer semillitas de girasol, fumarse un porro o alcoholizarse. Tenemos una sociedad donde falta educación y el Estado siempre llega tarde a lo hora de actuar".

La jueza fundamentó su opinión en antecedentes que ayudan a entender el perfil de los principales involucrados en el crimen. Apuntó a la falta de contención familiar que padeció Damián P. cuando era menor. Y sobre Adrián A, el otro joven implicado que ahora también es mayor, recordó que hace tiempo pasó por su juzgado por dos causas: hurto calificado y lesiones graves.

En relación a Damián P., recordó que lo conoció cuando todavía "vivía con sus dos hermanas, la madre y su pareja, quien estaba con arresto domiciliario a raíz de una enfermedad, cumpliendo una condena". Con el tiempo, ese hombre de nombre Luis Lozano terminó de la peor manera al ser asesinado de una feroz golpiza en barrio Granaderos a Caballo, cerca del complejo habitacional Fonavi, caso del que dio cuenta oportunamente LaCapital.

Víctimas victimarias. "Esos chicos fueron víctimas de un desmembramiento familiar a causa de padres abandónicos", conjeturó la jueza, y recordó haber trabajado la problemática del caso apenas se creó el Juzgado que conduce. "Todavía estaba vigente el código de procedimiento del menor, que permitía abordar conjuntamente las cuestiones social, civil y penal. Por eso tomé la decisión de apartar a las dos nenas del hogar para protegerlas de la mala vida que estaba llevando la madre con su conviviente", rememoró.

Y sobre Damián P, dijo que "venía seguido al juzgado siempre lleno de conflictos, pero luego no tuve más noticias sobre él hasta este crimen donde aparece involucrado".

Damián P. continuaba viviendo en la casa de calle Rioja con sus hermanas. Allí es donde se realizó la reunión de amigos previa al asesinato de Maxi y en la cual la familia de la víctima sospecha que había más gente, aunque hasta el momento no está probado.

Si bien no fue confirmado, trascendió que los jóvenes implicados habrían estado alcoholizados. Pecoraro no descarta que los agresores hayan tenido otro tipo de estimulación al preguntarse: "¿Puede el alcohol enceguecer al punto de llegar a la finalidad de liquidar a un ser humano con tanto ensañamiento?", se preguntó.

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