Cintia Farías tenia poco más de un año cuando fue operada del corazón en la Fundación Benetti. Actualmente es docente y tiene tres hijos
06:30 hs - Domingo 17 de Mayo de 2026
Hace 48 años, una mujer se acercó a la Fundación Benetti. Traía en sus brazos a su hija pequeña, a quien le habían diagnosticado una cardiopatía congénita. Se encontró con un médico joven y le dijo que no tenía dinero para afrontar la cirugía, pero que necesitaba que la operara para salvarle la vida.
Casi cincuenta años después, Cintia Farías es docente y madre de tres hijos, uno médico. El profesional de aquel entonces es Federico Benetti quien, con 78 años, sigue al frente de la fundación que lleva su apellido y que, entre el 73 y el 83, operó a unos 300 niños con cardiopatías congénitas en Rosario y en otras 45 ciudades del mundo.
Cintia fue uno de esos niños y la semana pasada, la mujer y el médico se encontraron.
Ella volvió a recordar el relato que había escuchado varias veces desde pequeña. "Cuando yo tenia un año y ocho meses, y pesaba solamente seis kilos, mi mamá me llevó a la Fundación Benetti. Prácticamente me estaba muriendo, según las palabras de mi madre, y el doctor me operó y me salvó la vida", cuenta.
El profesional, en cambio, buscó la historia clínica de su pequeña paciente entre los registros de sus intervenciones. En el listado, escrito con birome azul en el último renglón de la hoja, todavía se lee el nombre de Cintia. Al lado, dice, "cerclaje de la arteria pulmonar", una técnica quirúrgica utilizada en cardiología pediátrica para reducir el flujo de sangre excesivo hacia los pulmones.
"Es una cirugía frecuente en bebés con cardiopatías congénitas complejas", asegura Benetti, y destaca que la historia de Cintia es el botón de muestra de que "la mayoría de los bebés nacidos con esta patología se cura y puede tener una vida completamente normal".
La mujer tuvo una segunda operación en su niñez para corregir la malformación cardíaca de forma definitiva, tras lo cual pudo seguir con su vida. Completó el secundario, se recibió de maestra, terminó la carrera de Ciencias de la Educación, formó pareja, y tuvo tres hijos. Como todo vuelve, uno de ellos estudió medicina.
"Voy a estar eternamente agradecida al doctor", dice Patricia y congela el instante en una selfie donde se los ve a ambos sonrientes, como si fueran viejos amigos.
Una fundación con historia
El médico creó la Fundación Benetti en 1990. Destaca que lo hizo con aportes personales y con la finalidad de brindar a la comunidad un servicio de excelencia no sólo para pacientes con enfermedades cardiovasculares, sino para trabajar en prevención y fomentar la investigación, docencia y enriquecimiento de la ciencia médica en la rama de la cardiología y la cirugía cardiovascular.
Sin embargo, mucho antes de eso, entre el 73 y el 83, el médico había operado gratuitamente a unos 300 niños con cardiopatías congénitas en Rosario y en otras ciudades del mundo.
Los pasillos y los consultorios de la sede actual de la fundación, en Alem al 1800, reflejan la historia de este trabajo, que bien podría también ser una historia de los tratamientos de distintos tipos de patologías coronarias. Hay antiguas máquinas de cirugía y también fotografías y notas periodísticas que hablan del trabajo del profesional.
Una de las invenciones más reconocidas de su carrera fue la invención de una técnica quirúrgica que permite realizar operaciones cardíacas sin la utilización de máquinas que mantengan el flujo de sangre entre el corazón y el pulmón, con lo que se ganó el mote de "padre de la cirugía con el corazón latiendo".
"El uso de la máquina corazón-pulmón durante las intervenciones cardiovasculares tenía baja eficacia. Por eso, en mi cabeza daba vuelta permanentemente el hecho de tener que hacer algo para mejorar esto que nos preocupaba permanentemente”, recordó.
En 1996, Benetti fundó la Sociedad Internacional de Cirugía Cardiaca Menos Invasiva (Ismics) y empezó a entrenar a profesionales en esta técnica de la cirugía cardiovascular. El médico entrenó cirujanos en 45 países del mundo. Fue profesor invitado de diversas universidades del mundo y tuvo muchos reconocimientos. Entre ellos, el de la Academia de Ciencias y Artes de Chicago a los 100 inventos que modificaron la vida de los seres humanos o el de la primera Clínica de Cirugía Cardiovascular del Centro Hospitalario Henry Dunant (Grecia).
El legado para Rosario
Benetti nació en Pascanas, Córdoba, el 29 de noviembre de 1947, pero al año estaba viviendo en Rosario, donde realizó sus estudios primarios y secundarios, y se recibió de médico en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).
Con el título bajo el brazo, y por la influencia de su padre, pionero de la cirugía cardiovascular en el país, se dedicó a la cirugía de corazón.
En 1978 llevó a cabo la primera cirugía de bypass coronario con el corazón latiendo (es considerado el padre de esa intervención) y luego desarrolló la tecnología para la técnica que ahora se utiliza en todo el mundo.
Más tarde, en febrero de 1981, realizó el primer trasplante cardíaco del interior del país. Fue en Rosario. En 1984 se trasladó a Buenos Aires.
Para 1991 había realizado, en 700 pacientes, cirugía coronaria sin circulación extracorpórea y estableció la Fundación Benetti con recursos propios.
"Nunca recibimos un peso del Estado argentino, ni de nadie", destaca Benetti, quien sigue trabajando con su fundación, entrenando a cirujanos y operando pacientes sin recursos en distintas ciudades del mundo. Y va por más: "Mi deseo es que la fundación siga funcionando, esta ora no es para mí, quedará para la ciudad", asegura.
Pacientes, como Cintia, se lo agradecen.