Cartas de lectores

Vivir con austeridad

Austeridad es vivir con sencillez y sin lujos. Es todo lo contrario al estilo de vida de nuestros políticos.

Sábado 24 de Agosto de 2019

Austeridad es vivir con sencillez y sin lujos. Es todo lo contrario al estilo de vida de nuestros políticos. Ellos cobran sueldos fabulosos. La dieta que cobran nuestros legisladores nos obliga a hacer dieta a nosotros. Inventan cargos públicos para acomodar a sus esposas, amantes, familiares y amigos. Nombran asesores, secretarios, subsecretarios. Dilapidan fortunas en campañas proselitistas. Pagan millonarios sobreprecios en supuestas licitaciones. Y en sus viajes al exterior van acompañados por una cohorte de amigotes. Y para todos esos gastos superfluos se exprimen las cada vez más flacas ubres del Estado; ubres que no se alcanzan a llenar con los impuestazos que pagan los contribuyentes. Austeridad no es gastar menos, es gastar mejor. En el siglo XIII, el legendario Guillermo Tell encabezó una rebelión fiscal contra los recolectores de impuestos de los Habsburgos. En el mismo siglo, los barones se rebelaron contra los impuestazos que imponía Juan Sin Tierra y lo obligaron a firmar la Carta Magna el 15 de junio de 1215, y en la oportunidad se declaró la sentencia "no habrá impuestos sin que los voten los representantes". Hoy los "representantes" son cómplices del incremento de los impuestos. En mi opinión, luego de concluidos los comicios de este año, los ciudadanos deberemos analizar seriamente la posibilidad de una rebelión fiscal. ¿O acaso alguien propone una alternativa superadora?

Justicia versus política

Hace bastante tiempo que la opinión pública desconfía de los jueces, de su capacidad e imparcialidad. A tal punto que el propio presidente de Corte Suprema reconoció públicamente esta situación. En cada proceso con alto contenido político aumenta la desconfianza. Lo vemos en estos días que se juzga a la ex presidente y sus antiguos colaboradores, manifestaciones callejeras donde de un lado se habla de la estrecha relación de los tribunales con el poder político y del otro lado manifestantes que apoyan a los jueces para que cumplan con su deber, aún en medio de las amenazas. La realidad y el sentido común nos dice que la administración de justicia no se creó para obedecer a tal o cual parcialidad, está para aplicar el derecho con imparcialidad, sin ceder a presiones, favoritismos o halagos. La esencia de la labor judicial exige valentía, un juez es un profesional del derecho y del valor, no porque todos son valientes, sino porque el que no lo es no tendría que ser juez. Otra parte de la realidad nos dice que hace tiempo algo anda mal, no todos los jueces son valientes, no todos son honestos, no todos son imparciales, no todos son elegidos por sus virtudes o capacidad, sino en la mayoría de los casos por su amistad o afinidad con funcionarios públicos o personas influyentes. El Consejo de la Magistratura, creado oportunamente para reducir la política en la designación y la destitución de magistrados, se convirtió en una figura decorativa, poblado por una multitud de legisladores partidarios. Una república en serio tiene un Poder Judicial despolitizado, profesionalizado, respetado y acatado por el ciudadano, que debe vigilar que no se aparte de la ley.

Las elecciones de octubre

Desde que ganaron las Paso, los kirchneristas están tan ansiosos que se comen las uñas hasta lastimarse los dedos. Y se babean desvergonzadamente por llegar al poder. Me recuerdan la escena de los dibujos animados en la que al "lobo feroz" se le hace agua la boca mirando jugar en el bosque a "los tres chanchitos". Cual si fueran entrenadores de primera división, ya dan indicaciones como si ellos fueran los encargados de armar el equipo. Ya presienten el pitazo final del partido y la lluvia de papelitos. Por esto, fiel a mi estilo de advertir y prevenir los males, les advierto a don Alberto, a doña Cris y a toda su prole, que las elecciones todavía no se realizaron. Que, futbolísticamente hablando, lo que sucedió el 11 de agosto es como que se concretó un gol y, tras el VAR, lo anularon. Las Paso no son más que una encuesta para verificar la tendencia del pueblo hacia los respectivos candidatos que se presentarán en las próximas elecciones. Y sirven para hacerle saber al gobierno actual la disconformidad reinante con su accionar. Pero es sólo un entrenamiento. Todavía falta resolver quién ganará la final. Tras la cual, la verdadera mayoría de los electores dirá si prefieren seguir viviendo semidesnudos como indios hasta que la cosa mejore, o volver a la superproducción de ladrones de todo calibre, cuyo más alto exponente es imposible determinar.

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