Jueves 28 de Agosto de 2008
Quiero que el mundo entero sepa que el corazón de mi esposo, inexplicablemente, perdió su ritmo y sin miramiento alguno lo dejó tendido en el suelo. Al cabo de eternos minutos, después de agónica espera, llegan Valeria Reichel, médica de Vital, y Marcelo Santacruz, conductor de la ambulancia y colaborador de la profesional. Seguros en su accionar, enérgicas sus actitudes, tenaces hasta el final, lograron que mi marido Hugo pueda volver de la muerte a la vida. ¡Benditas las manos de los profesionales que hoy hacen que las mías acaricien sin cesar las de mi esposo! Un reconocimiento eterno hacia Valeria y Marcelo, como también a la empresa que representan por su eficiente atención, y a todo el personal de Unidad Coronaria del Sanatorio Americano. Lo hago extensivo a los doctores Enrique José Cavalieri y Juan Ignacio Jairala que asisten su enfermedad. Todos sabemos de la gravedad de la salud de mi esposo, pero también sabemos que el padre celestial está indeciso, que no ha dicho su última palabra, por eso oramos con todas nuestras fuerzas pidiéndole que su poder milagroso lo despierte y lo sane.
Liliana Cengarle de Molina, DNI 12.525.539