Virgen de Lourdes, fe y turismo en la gruta marplatense
La  gruta de la Virgen de Lourdes, en Mar del Plata, es un lugar de  peregrinación religiosa enclavado en una antigua cantera rodeada  de una frondosa vegetación que, por su belleza y espiritualidad,  atrae a miles de turistas todo el año.

Sábado 21 de Noviembre de 2009

La  gruta de la Virgen de Lourdes, en Mar del Plata, es un lugar de  peregrinación religiosa enclavado en una antigua cantera rodeada  de una frondosa vegetación que, por su belleza y espiritualidad,  atrae a miles de turistas todo el año.

La hermana superiora Ana María Herrera, de la congregación  “Las Pequeñas Hermanas de la Divina Providencia”, responsable del  santuario, contó a Télam que ”la mayoría de los turistas vienen  porque es un lugar habitual de visita, no por fe".

No obstante, dijo que “muchos son los que refieren que cuando  llegan por primera vez perciben una atmósfera especial, de paz, de  espiritualidad, así que los que llegan sin demasiada fe se van  cargados de ella".

Al respecto, la hermana Ana María contó que un sacerdote de  alrededor de 50 años que hace algunos días visitó el lugar, relató  que cuando tenía 17 estuvo en la gruta junto a sus padres, “como  un turista más, sin demasiada fe".

“Nos contó -dijo la hermana superiora- que entonces tenía en  un dedo una verruga que le sangraba y no sanaba, a pesar de haber  consultado a varios médicos, y que entonces la mojó con agua  bendita de la gruta y le pidió a la Virgen, sin mucha fe, que lo  curara. Afirmó que, estupefacto, al día siguiente advirtió que la  verruga había desaparecido".

La gruta de Lourdes ocupa la manzana delimitada por las calles  12 de Octubre, Don Orione, Magallanes y Elisa Alvear de Bosch, en  lo alto de una loma situada en el corazón del barrio portuario de  este balneario.

Allí, al pie de lo que fuera la cantera, en plena piedra se  inserta el santuario, una réplica del situado en Lourdes, Francia,  donde hace un siglo y medio se registraron las apariciones de la  Virgen.

El visitante que ingresa por la entrada principal se encuentra  con una especie de gran capilla al aire libre, con una veintena de  bancos de iglesia y un altar a cuya derecha, entre las piedras y  como emergiendo de una caverna, se visualiza una imagen de la  Virgen situada a unos 3 metros de altura.

Justo bajo esa imagen un pequeño piletón de roca recoge el  agua bendita que cae, a veces gota a gota, otras en finos hilos,  que son tocados con ávida veneración por los creyentes.

Muchos suelen llevarse agua bendita en botellas de plástico o  en envases que, en el acceso, ofrecen tres o cuatro vendedores  ambulantes que se ganan la vida también con estampitas, velas,  rosarios y otros artículos religiosos.

Otros simplemente mojan sus manos y se humedecen partes del  cuerpo enfermas o doloridas y se persignan, única evidencia de la  oración silenciosa que casi siempre acompaña a esos actos de fe.

Esa plegaria muda a veces es un pedido y otras un  agradecimiento por algún favor recibido, los que también se  reflejan en miles de pequeñas placas de azulejos, mayólicas,  acero, bronce y hasta madera, con manifestaciones de gratitud y fe  hacia la Virgen.

“Gracias por el favor recibido", ”Virgencita, gracias por  curar a mi hijo", “Te agradezco por la gracia recibida", ”Por  favor, ayuda", son expresiones que, con matices, se multiplican  en esas placas.

Además de ese amplio espacio al aire libre que encuentra el  visitante apenas ingresa, a los costados, en forma de herradura,  nacen dos rampas ascendentes que aluden al Vía Crucis, la de la  derecha; y a los Misterios del Santo Rosario, la de la izquierda.

Ambas rampas confluyen en lo alto de la cantera, donde hay una  la capilla cubierta, otra pequeña gruta casi siempre iluminada por  cientos de velas que encienden los creyentes, la santería y la  ciudad de Belén en miniatura.

La réplica de la localidad donde nació Jesucristo tiene varios  metros cuadrados de superficie y ocupa una gran sala donde el  visitante, mediante fichas que se compran en el lugar, puede poner  en movimiento a los reyes magos, que bajen ángeles desde el cielo  o que se iluminen distintos edificios y escenas bíblicas.  (Télam)