Sábado 18 de Octubre de 2008
En esta época de conductas erráticas y de hechos frívolos e intrascendentes que cobran inmerecida notoriedad, nuestra televisión se lleva todos los laureles. Insulsa, vulgar, desprolija y morbosa, exhibe imágenes plagadas de insultos, en donde reina lo barato, lo absurdo, lo malicioso. Falla en su función de difundir valores necesarios para una Argentina inmersa en una profunda crisis cultural. Giovanni Sartori, autor de “Homo videns”, la tituló máquina de fabricar idiotas, donde el morbo y las rutinas humillantes son el común denominador que fijan lo pernicioso que resulta de un hábito que va horadando la facultad de pensar. Felizmente, para los libretistas, guionistas y productores, el nuestro no es un país normal, lo que les permite desarrollar la más variada gama de intrascendencias, extraídas de los ámbitos de la cursilería. La mayoría de esos programas son un encadenamiento de escenas donde la frivolidad y el mal gusto son traídos sin pudor y sin el menor esfuerzo. Así como se le dice no a los políticos, es hora de empezar a decir no a la televisión basura.
Olga Ponce