Jueves 12 de Junio de 2008
Hay pueblos que rinden culto a sus antepasados, el nuestro ni siquiera respeta su eterno descanso. Prueba de esto es el impresionante vallado de madera que se ha instalado en ciertos sectores del lado oeste del cementerio La Piedad, cuyo propósito parece ser una protección de futuras obras. En realidad actúa como un facilitador de la labor de quienes practican el saqueo del arte funerario en busca de metales de alto valor, hasta piezas óseas por encargo, con el agravante de generar en quienes concurren a visitar las sepulturas temor, ante la eventualidad de sufrir un asalto y que nadie lo advierta, dada la característica compacta del material empleado, que impide totalmente la visión. No me referiré a las canillas sin agua, los pastos sin cortar, los cestos de basura llenos, la aparente ausencia de personal, por no caer en lugares comunes. Mi inquietud se limita a tratar de que se reemplace la valla de madera sólida por algún tramado plástico que permita la visión y cumpla las mismas funciones.
José Luis Alemany, DNI 12.522.041