Cartas de lectores

Uno de los Cajaraville

La carta del 12 de marzo titulada "Los dos Cajaraville" hace referencia a dos soldados de la lucha por la independencia homenajeados con el apellido en el pasaje del barrio Martin.

Viernes 29 de Marzo de 2019

La carta del 12 de marzo titulada "Los dos Cajaraville" hace referencia a dos soldados de la lucha por la independencia homenajeados con el apellido en el pasaje del barrio Martin. Detrás de sus nombres hay historia personal y militar que será interesante conocer. Uno de los Cajaraville fue el granadero a caballo Miguel de los Santos, soldado destacado en libros de historia que ha motivado a indagar sobre su vida personal. Nació en 1794 en la estancia "La Esperanza" en los pagos de Magdalena en Buenos Aires. En abril de 1813 se presentó al regimiento de granaderos y a pesar de los reclamos de su madre por su edad quedó alistado como cadete. Desde aquí todo es historia militar que la extensión de la carta sólo permite una apretada síntesis. Luchó en diferentes etapas y territorios, y de éstos, el Alto Perú. Otro amplio espacio fue desde el cruce de la cordillera a Ayacucho, Cancha Rayada y Maipú, en los que ganó ascensos y prestigio, esto último cuando San Martín, en la arenga previa a Maipú, por un acto de valentía ante la sorpresa española anterior, lo mencionó como el "guapo" Cajaraville. Un tercer escenario fue la campaña al sur de Chile para evitar la reorganización española, región de bosques y escarpada tierra que no impidieron más éxitos militares. Por heridas y enfermedad, fue licenciado a Mendoza y no pudo acompañar a San Martín al Perú. Luego se repuso en "La Esperanza", a la que llegó en 1820 con el mismo caballo que ingresó en el escuadrón de granaderos llamado "Decano". Curado, intervino en luchas civiles con Lavalle, derrotado éste, debió exilarse en Montevideo. Después de Caseros, regresó a Buenos Aires, ciudad en la que falleció el 12 de diciembre de 1852.

Ernesto Del Gesso

Junta de Historia de Rosario


La mala educación

Fue tan mala la educación que brindó el kirchnerismo durante el tiempo que gobernó, que hubiera sido más fructífero tener a los niños todas las horas de clases mirando la pared. Esto no es invento mío. El resultado de lo que aquellos niños aprendieron, hoy, que ya crecieron, está a la vista de todos.

Daniel E. Chavez

DNI 12.161.930


Bachiller nacional y maestra normal

Dos títulos que concede el Ministerio de Educación, en nuestro país, al finalizar los estudios correspondientes en los establecimientos de educación secundaria, son el de bachiller nacional y el de maestra normal. El primero proviene de la Edad Media, cuando alguien finalizaba los estudios se lo coronaba con una rama de laurel que tuviera sus frutos, es decir sus bayas, para simbolizar que había fructificado el fruto del estudio y el afán de aprender, por lo que se lo llamaba "coronado por bayas y laureles", lo que en latín se decía "baccalaurentus". Este vocablo pasa al castellano como "bachiller", al italiano como "bacelliere", al francés como "bachelier", al portugués como " bacharel", al inglés como "bachelor", y al idioma alemán como "bakkalaureus". En cuanto al título de maestro normal, proviene del francés "école normale", o sea escuela normal, una institución educativa encargada de la formación de maestros de escuela. Tomó su nombre de su objetivo inicial de establecer "normas de enseñanza", y a partir del concepto francés de proporcionar un modelo de escuela para sus estudiantes de pedagogía. Tal vez, cada uno de nosotros, haya recibido uno de estos dos diplomas y puede resultar interesante saber de los orígenes lingüísticos e históricos de los mismos.

Omar Alfredo Re


Un error conceptual

Creer que el "bienestar" es un derecho, puede acaso ser el máximo error conceptual de los argentinos. Imaginar que el Estado, enorme e insensible, ha de ser su garante pinta como la falacia ganadora del podio de toda credulidad letal. Saber la verdadera intención no siempre ayuda a sonreír pero puede evitar algún llanto, ese que nadie oirá, que muy pocos consolarán narrando algún pintoresco cuento y que sólo uno puede detener, sólo quien llora. No suele ser grato lo que es necesario, pero es preciso el saberlo.

Karina Zerillo Cazzaro

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