Una sociedad más normal
Hay temas muy obvios y muy sensibles a la sociedad, como la educación, la pobreza y la seguridad en todos sus aspectos. Para poder llegar a tener una sociedad digna, que nos permita vivir medianamente con normalidad (porque hoy no es normal), ninguno de estos temas puede justificar al otro...

Domingo 12 de Octubre de 2008

Hay temas muy obvios y muy sensibles a la sociedad, como la educación, la pobreza y la seguridad en todos sus aspectos. Para poder llegar a tener una sociedad digna, que nos permita vivir medianamente con normalidad (porque hoy no es normal), ninguno de estos temas puede justificar al otro y ninguno de estos asuntos se pueden atacar alternativamente, ni esperar que uno se resuelva para resolver al otro. No podemos ser espasmódicos en las demandas ni ser intermitentes en las respuestas. Todo tiene que ver con la educación, todo tiene que ver con políticas que trabajen sobre la marginación y la inserción social; y todo tiene que ver con los controles policiales, sanciones y protección que todos nos debemos. Las políticas de Estado no admiten dilaciones, ya que el no trabajar sobre estos temas un sólo día significa un retroceso y no hay ya lugar para mayores involuciones. Sabemos que muchas generaciones ya quedaron en el camino. Sabemos que muchas familias han sido destruidas por la falta de políticas de Estado que atienda con continuidad la resolución de conflictos docentes, que implemente el trabajo en las villas para la inserción social, imponga la policía en las calles y colabore con una Justicia activa previniendo el delito y sancionando adecuadamente a los delincuentes. La sociedad debe requerir, el Estado debe convocar y a su vez facilitar la presencia permanente e ininterrumpida de las autoridades en las calles. El Estado tiene también que educar en las calles ya que hay valores que se han distorsionado y el Estado es el único que con su ejemplo, con el ejercicio de la autoridad bien entendida, con un trabajo constante de concientización puede restablecerlos. Educadores, Justicia y presencia policial en forma mancomunada con la sociedad deben producir el cambio para que Rosario sea la ciudad donde a todos nos guste vivir.

Stella Maris Coniglio