Sábado 26 de Julio de 2008
El voto decisivo del vicepresidente Julio Cobos, precedido por sus francas palabras, nos inclina a volver a creer en las instituciones, vapuleadas por los lisonjeos de la política. Nadie esperaba la valentía de Cobos, en especial por su bajo perfil y por la abrumadora presión que la situación imponía. Este voto decisivo nos enseña sobre el poder de las sanas convicciones, ajenas a intereses partidarios, inmune a las presiones del momento. Es pacificador porque concilia a las instituciones democráticas con la voluntad de los gobernadores, permitiendo que la vida de los argentinos vuelva a sus márgenes naturales. Es visionario por cuanto evita volver a situaciones de falta de consenso generalizado. Es ejemplificadora porque nos enseña que los resortes institucionales funcionan tal cual la Constitución nacional los concibió. Por último deja en evidencia que la metodología de confrontación, resta paz y agobia a la sociedad. Las críticas de los emisarios del gobierno desnudan su falta de sabiduría a la hora de elegir voceros. La utilización del término traidor, por apartarse de la voluntad requerida del Ejecutivo, es una clara reminiscencia a la obediencia debida, actitud que los argentinos quieren desterrar de su memoria. Entienden como imperioso que la conducta a la hora de votar era la de alinearse con el gobierno, convirtiéndose en enemigo en caso de disenso. Pareciera ser obligación natural de quien ejerce tan importante cargo la de respaldar sin más una posición partidaria mediante un voto adherente, apartándose de las convicciones propias, desterrando los llamados de la conciencia, tan unida a los hombres de bien. La decisión del vicepresidente, pone al ejecutivo en el difícil camino de volver a empezar, alejándonos del abismo al que nunca debimos acercarnos. Empero les da la oportunidad única de conciliarse con la sociedad y llevar a esta Argentina querida, a la prosperidad que su pueblo merece.
Marcelo A. Vidal, DNI 14.494.339