Una obra de teatro poco creativa
Pagué 50 pesos para ver el Teatro Negro de Praga el pasado viernes 4 de abril en el Astengo. Fui a ver poesía, magia, sorpresa, imaginación, creatividad, belleza. ¿Y qué vi?. Lo que vi fue una enclenque obra de teatro, confusa y tonta, que pretendía ser graciosa y que se veía mal porque si no usaban el recurso del teatro negro no podían venderla como tal.

Sábado 12 de Abril de 2008

Pagué 50 pesos para ver el Teatro Negro de Praga el pasado viernes 4 de abril en el Astengo. Fui a ver poesía, magia, sorpresa, imaginación, creatividad, belleza. ¿Y qué vi?. Lo que vi fue una enclenque obra de teatro, confusa y tonta, que pretendía ser graciosa y que se veía mal porque si no usaban el recurso del teatro negro no podían venderla como tal. A ver, ¿por dónde empiezo? Cómo se ve que no se les ocurría nada, usaron la historia del Dr. Frankenstein, que aquí cortaba miembros en un cementerio con una sierra eléctrica y, después de una serie de escenas en pastiche, mal actuadas, mal resueltas, vulgares o francamente aburridas, cuando no incomprensibles, operaba al monstruo en escena, metiéndole el brazo entero en el cuerpo con ruido de olla revuelta y sacaba de allí un teléfono que hablaba como las ardillitas. Después, de adentro de las tripas saltaba ¡un allien! igualito al de la película y se le prendía a la cara (muy original). Finalmente, era expulsado de la escena, daba tres golpes a la puerta y volvía a entrar. A esa altura uno ya se sentía miserable. Pero había mucho más. ¿Qué hace un mal director desesperado cuando ve que la estructura teatral que montó no se sostiene? Empieza a hacer collage: pone una minita con piernas al aire haciendo caderitas; introduce bromas de muy mal gusto, que ya no hacen reír a nadie. Pero como todavía no se sostenía, otro relleno: contrataron a uno que hacía capoeira o algo así con un traje fosforecente anaranjado y que tuvo los mejores aplausos, aunque no tenía nada que ver con la historia. Yo no había ido a ver eso y me preguntaba a cada rato: ¿qué estoy haciendo aquí? Tampoco hubo ningún cuidado en el uso de los colores, ni los tamaños. Ignorancia de los delicados tiempos teatrales, tanto que cuando algo funcionaba y parecía gustar, a tener paciencia, porque lo sostenían en escena hasta que empezabas a bostezar. En fin, lamentablemente me

sentí estafada.

Lidia Morales,

lidimora@hotmail.com