Cartas de lectores

Una noche inolvidable

Se asoma el muchacho con chaleco oscuro, jeans ajustados color negro y camisa blanca radiante, que lleva arremangada.

Domingo 31 de Marzo de 2019

Se asoma el muchacho con chaleco oscuro, jeans ajustados color negro y camisa blanca radiante, que lleva arremangada. Bien sport, bien juvenil. Ese muchacho tiene 76 años, pero no los parece. Es Paul Mc Cartney. "La Leyenda" hace su aparición apenas unos minutos después del horario pactado de las nueve de la noche —típico de la puntualidad inglesa— y no puede ser de otra manera: con el griterío de las 60.000 almas que estábamos presentes, para que comiencen a sonar los primeros acordes de "A Hard Day's Night" y se arme el primer pogo de la noche. ¡Todavía no puedo creer que una sola persona sea capaz de generar eso! Siempre me lo pregunté, pero como nunca había tenido la oportunidad de ver a mi ídolo musical en vivo, no lograba entenderlo. Aunque lo haya estado imaginando desde chico, o desde hace años, o desde que compré la entrada allá por octubre, o mientras leía las diferentes opiniones en los blogs de los fanáticos que ya lo habían visto en otras oportunidades. Hasta que el sábado pasado en el Campo Argentino de Polo lo comprobé. Cada canción que avanzaba era un momento único para disfrutar. Y donde las personas que me rodeaban lo vivían a su manera. Porque detrás de cada letra, había una historia particular en cada uno de ellos. Como la pareja que estaba sentada a mi izquierda, con un nene de unos siete años que habían llegado desde la ciudad santafesina de San Justo, y que recorrieron casi 600 kilómetros "para ver al más grande de la historia". Solamente Paul es capaz de crear y generar eso. Todas las generaciones que estuvimos ahí presentes disfrutamos cada minuto, y aplaudimos a más no poder ante la finalización de cada tema; de cada palabra que emitía en el diálogo constante con el público. Como cuando dedicó a mitad del repertorio "My Valentine" a su mujer Nancy Shevell. O cuando agarró la guitarra acústica para tocar "BlackBird" y recordar la existencia e importancia de los derechos civiles en los seres humanos. Ni hablar del momento de emoción que generó lágrimas en muchos de nosotros cuando recordó a John Lennon; o al realizar su versión de "Something" con el ukelele y mencionar con la voz entrecortada: "Para mi amigo George". Porque además de los increíbles músicos que lo acompañaron en cada una de las canciones —y si bien es cierto que ya no tiene 20 años— se la bancó todo el show solo. No descansó un segundo en las casi tres horas que duró el recital. Ni para tomar un poco de agua o para cambiarse de indumentaria. No me importó que no haya cantado un clásico como "Yesterday"; o que tenga que leer la traducción de lo que nos quería contar, en su pobre español. Por el contrario, escucharlo hacer el esfuerzo para decir que "ustedes son grosos", fue increíble. Suficiente para caer en la realidad de que ahí estaba parado, hablándome a mí, aunque en realidad nos hablaba a todos. Y musicalmente no fue menos: la "rompió". Tocó el bajo, el piano, la guitarra acústica, y hasta corrió por las escaleras del escenario. Incluso cuando todo parecía llegar a su fin —y luego de que hizo vibrar a cada uno de nosotros con la emocionante y maratónica repetición de bises de "Hey Jude"— siguió expandiendo su listado de canciones para que esa noche interminable, no tenga fin. Tengo que admitir que tuve sensaciones encontradas: por momentos me sentí como un niño en un sueño del cual no quería despertar. También me imaginé como un adolescente de 20 años en la época de los ‘60, pudiendo ser el quinto integrante de los Beatles. Qué se yo, fantasías mías. Como si quien estuviera enfrente mío, no fuera ese muchacho juvenil de 76 años. Sino más bien un extraterrestre.

Anfitriones de la realeza

Tanto nos gusta la realeza por estas tierras que ya no sólo criamos reinas "for export" y otras "prét á porter", menos originales pero tan pretenciosas como las primeras, sino que además somos los anfitriones menores de la más noble casta humana que aún habita en los más remotos parajes del planeta; y nuestra desusada compostura se nota. Puede que dada esa inexorable realidad que nos ha hecho olvidar cuentos de hadas, castillos y finales rosas, sea conveniente conforme a protocolos, buenas costumbres y mejores decisiones, el reservar alguna fantasía para nuestra personal lectura.

Diez años sin el doctor Raúl Alfonsín

Más allá de sus aciertos y desaciertos, el ex presidente Raúl Alfonsín nos dejó un importante legado. Hoy, 31 de marzo se cumplen diez años de su fallecimiento. En estos tiempos difíciles, recordar algunas de sus convicciones es oportuno en el actual contexto. El ex mandatario hizo hincapié como nadie en la necesidad del diálogo fluido como indispensable entre las distintas fuerzas políticas, como también en los consensos y en aunar esfuerzos por encima de las diferencias de cualquier orden. El respeto hacia la división de poderes que tuvo lugar en su gestión es inobjetable y un verdadero ejemplo. Alfonsín luchó por la imperiosa necesidad de instituciones sólidas, como base de una democracia fuerte. El doctor Alfonsín fue un demócrata por excelencia. Muy respetado a nivel internacional, dejó su sello inconfundible, mereciendo diferentes premios y distinciones. Recibió condecoraciones de universidades y gobiernos de todo el mundo. El respeto a la Constitución, como a tratados, convenios, códigos y demás, fue el "abc" en todo momento y ante la circunstancia que se presentara. Honró la democracia y la Justicia, teniendo siempre una posición clara e inamovible. El juicio a las Juntas y el tratado de Paz con Chile son algunos de los hechos que caracterizaron su mandato. El doctor Alfonsín no tuvo jamás un sólo juicio, tomó habeas corpus cuando muy pocos lo hacían, y fue emblema de los Derechos Humanos. A diez años de su fallecimiento, el sincero reconocimiento de quienes hemos valorado su dignidad, honradez y decoro.

Robos cerca del Hospital Italiano

Como al igual que hace cinco años la historia se repite. Dejé mi vehículo estacionado en la puerta de la maternidad del Hospital Italiano, por calle Entre Ríos, y como hace cinco años con la llegada de mi primer hijo, me volvieron a destrozar el vidrio por la noche para robar. A pesar de las reiteradas denuncias que recibe la comisaría 5ª por estos reiterados hechos, no toman cartas en el asunto para frenar esta modalidad de robo. En los cordones de las calles se pueden observar a diario los vidrios rotos, y la policía no hace nada.

Un taxista inescrupuloso

Con mi hija tomamos un taxi en el shopping Alto Rosario, y un taxista de tan buena fe me dio el vuelto con dinero falso; no quiero generalizar porque no todos los taxistas son delincuentes como este que me llevo a mí, pero sólo quiero decir que después no se quejen si la gente pide por Uber o si toman remises truchos, yo utilice ambos y sin problemas. No quiero pensar en los ancianos que habrá estafado este taxista delincuente. A a tomar recaudo la próxima vez.

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