Viernes 16 de Mayo de 2008
Tarde otoñal. El brillo de un sol resplandeciente decorando los sueños que se gestan en los pasillos de una Universidad. Una suave brisa se posa en las miradas de dos personajes tan distintos como idénticos, dueños de corazones solidarios y combativos. Por un lado, la mujer que pregona en defensa de todos esos niños ignorados por los dirigentes que deciden el futuro de nuestro país. Por otro lado, el niño que ofrece pan casero y un repertorio de chistes a cambio de una moneda. Ella lucha para que las voces de niños internados en un hospital, olvidado y abandonado por nuestro gobierno, continúen cantándole a la vida. El pelea para que su familia, también olvidada y abandonada por nuestro gobierno, continúe escribiendo su historia. Dos personajes, un mismo lugar. Dos guerreros de la vida, idénticas ganas de vivir. Dos corazones brillantes, una inmensa lección de amor y solidaridad. Un puñado de palabras, mi pequeño y humilde homenaje para estos dos personajes que admiro.
Sebastián Isla