Un aire frívolo
Cada uno imprime su aire particular a todo lo que hace, porque es una proyección de nuestra forma de vida. Demostramos socialmente lo que traemos en esencia. La conducta se transmite en nuestra vida y, aun con nuestras incoherencias, en lo profundo de nuestras actitudes hay una línea común que las une.

Sábado 06 de Septiembre de 2008

Cada uno imprime su aire particular a todo lo que hace, porque es una proyección de nuestra forma de vida. Demostramos socialmente lo que traemos en esencia. La conducta se transmite en nuestra vida y, aun con nuestras incoherencias, en lo profundo de nuestras actitudes hay una línea común que las une. Los gobernantes también imprimen al país su forma de comportarse. El fiestero llena el país de fiestas, viajes y regalos. Los que cuidan el dinero quieren una sociedad tranquila, ahorrativa y preocupada por la economía. Y los "frívolos" buscan tapar todas las imperfecciones (la tristeza, la pobreza y el dolor) detrás de una sonrisa con una máscara llena de bótox, llenando con maquillaje para que no se note lo imperfecto. Para emparejar todo y gustar. Se pagan deudas para congraciarse con los de afuera. ¡Cómo nos vamos a vestir de Louis Bouton, con trajes y alhajas costosísimas y sentar a la mesa de la princesa Máxima o la hermosísima Carla Bruni, debiéndoles plata! ¡Qué dirían las vecinas del barrio si a nosotros nos pasara algo así! Sólo que con los bienes del pueblo no se juega. No se pueden comprar trenes costosísimos cuando hay pueblos aislados por la falta de otros precarios. No se puede pagar al contado al Club de París viendo los bolsones de pobreza. ¿Para qué querían la plata del campo si tienen de sobra? Por último: ¿si echamos un manto de humildad y nos dejamos de hablar tanto por tele para ponernos a trabajar, de una vez por todas?

Leonor Lijov

leolijov@yahoo.com.ar