Domingo 28 de Septiembre de 2008
El 25 de septiembre alrededor de las 15, mientras almorzábamos tranquilamente en un conocido bar sobre la barranca de la avenida Belgrano, mi esposa y yo pudimos ser espectadores de lujo de una escena muy pintoresca: el patrullero número 3735 de la policía de Santa Fe detuvo a un joven que conducía una camioneta Cherokee de color azul, lo hizo bajar del vehículo para mostrarle no sé qué cosas que seguramente representaban algún tipo de infracción. Luego de una amena charla, el muchacho sacó de su billetera un billete que el oficial metió sin ningún tipo de disimulo en su bolsillo, para luego saludar al "infractor" con una palmada y seguir su recorrida. Este hecho, que ya no nos sorprende porque lo aceptamos como normal, debería hacernos reflexionar en muchos aspectos. ¿Es posible que la impunidad de quienes tienen el deber de hacer respetar las leyes sea tal que los lleve a cometer delitos como la coima a plena luz del día y a la vista de todos? ¿Es admisible que quienes deben estar patrullando las calles para velar por nuestra seguridad estén en cambio buscando quitarle el dinero a ciudadanos honrados y dejando que otros delincuentes (como ellos) anden por allí robando (como ellos), matando o cometiendo cualquier tipo de atrocidades? Es importante que cuando nos quejemos por la corrupción que existe en el país entendamos que la misma no solamente es potestad de los gobernantes (a quienes no defiendo), sino también de muchísimas personas cuyo sueldo es pagado de nuestros bolsillos y que, apañados por un sistema podrido, se encargan de convertir este hermoso país que tenemos en una verdadera tierra de nadie.
DNI 23.959.296