Cartas de lectores

"Tengo un sueño, seguir soñando"

Lunes 12 de Febrero de 2018

No soy adicto a los ídolos. Porque olvidan que todos cometemos errores serios. Pero por sobre todo porque hay millones de héroes anónimos, que luchan diariamente, y no me parece bueno ensalzar a los famosos olvidando a tantos que se esfuerzan hasta el infinito en la soledad. Pero, en fin, hay historias que dan pie a buenos escritos, como la de Martin Luther King. Cada tercer lunes de enero, en EEUU es fiesta nacional gracias a Ronald Reagan, para celebrar a King Jr., y este año coincidió con la fecha de su nacimiento el 15 de enero de 1929. Su vida se apagó en 1968, a los 39 años, asesinado hace 50 años por un segregacionista en Memphis. Con su mensaje ganó el premio Nobel de la paz, en 1964. Desde las escalinatas del Monumento a Lincoln en Washington en 1963, frente a unas 250 mil personas -con corbata y hasta sombrero según era la costumbre de la época- Mahalia Jackson le gritó: "¡Háblales del sueño, Martin!". Y el reverendo King dejó el texto y comenzó una extraordinaria improvisación. Clamaba por la libertad de millones, por el fin de leyes discriminatorias, frente a activistas que, además, lucharon contra la guerra de Vietnam y la pobreza. "Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando", gritó. Y en otra ocasión: "Si supiera que el mundo se acaba mañana, hoy todavía plantaría un árbol". Palabras que, según Michiko Kakutani, son símbolo de libertad y no violencia, alentando a activistas desde la plaza de Tiananmen, hasta Europa del este. Inspirado en canciones como "This land is your land" de W. Guthrie: "Que resuene la libertad desde las altas montañas de Nueva York, desde las suaves pendientes de California". Cuando su hogar sufrió un atentado, King le dijo a la muchedumbre: "Quiero que améis a nuestros enemigos", entre los que estaba el FBI –que tiene un largo historial en el armado de causas falsas– y que en 1968 armó un expediente difamatorio, sin prueba alguna, que lo acusaba de comunista y le atribuía amantes como Joan Báez. Entretanto, Trump va al revés. Quiere erradicar 11 millones de indocumentados –discriminados– y acaba de anunciar el fin del Status de Protección Temporal del que se benefician unas 320 mil personas, que llevan una media de 19 años viviendo en EEUU, de los cuales más del 90 por ciento son ciudadanos de El Salvador, Honduras y Haití, y que han tenido 275 mil hijos estadounidenses. Gracias a las "Maras", pandillas surgidas merced a la "ilegalidad" de las drogas y la "guerra" contra estas sustancias desatada por el gobierno de EEUU, El Salvador es el país más violento del mundo, con un promedio de 60 homicidios por cada 100 mil habitantes. Y allí quiere Trump devolver a estos inmigrantes, a la violencia, pobreza y desocupación o, más probablemente, obligarlos a desafiar la ley y permanecer como indocumentados. Económicamente EEUU perdería unos 164 mil millones de dólares en la próxima década, según el Center for American Progress, y El Salvador por la caída de remesas que equivalen al 17 por ciento de su PBI. Además, los controles migratorios empujan a los migrantes hacia los traficantes y organizaciones criminales. Nunca hay que dudar, tengamos "Uun solo sueño, seguir soñando". Es imposible garantizar que no se llegue, como el soñador Steve Jobs, a ser billonario, ni que lo ridiculicen por idealista, pero por ese rumbo, por allí va el camino de la vida: la esperanza, el amor y la libertad.

Alejandro A. Tagliavini

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