Sábado 15 de Diciembre de 2007
Intentar convertir la tortura y muerte de toros como "arte" bajo el nombre tauromaquía, según lo afirma Daniel Bodo en su carta del 6 de diciembre, resulta una verdadera falacia. Omitió señalar que la tortura previa a la que son sometidos los toros es parte integrante del "espectáculo". La mayoría de los españoles, afortunadamente, manifiestan su contrariedad entendiendo que tortura y masacre no es cultura ni arte, sino perversión y sadismo. Por lo que tal postura no es un capricho improvisado de las ecologistas que Bodo cuestiona. Las mismas, a través de la asociación que integran y que él llamó peyorativamente "ignota", son miembros del consejo asesor de la Comisión de Ecología del Concejo Municipal y contribuyen a la protección de los derechos de los animales y del medio ambiente mucho más de lo que este lector sabe, ya que si estuviese al tanto del tema, como afirma, las conocería y respetaría. Lo único que sostiene aún esa masacre de toros es el dinero que generan las corridas y el sadismo de un grupo de retrógrados que no aprendieron a estas alturas de la civilización a entretenerse sin torturar ni sacrificar animales. Hay que destacar que quien cuida de los animales y del medio ambiente, cuida también del ser humano. Es llamativo que cada vez que alguien sale a proteger tales derechos y valores aparece alguien recriminándole que se ocupe de otra cosa, como si fueran temas excluyentes u opuestos. Esta discriminación hacia los ecologistas que sólo tratan de cumplir su misión, además de reaccionaria y fascista, resulta muy poco altruista de quien dice preocuparse a por el hombre y su medio. Lo invito, pues, a que invierta su tiempo en actuar (res non verba) en vez de criticar sin saber.
Débora J. Ayache, DNI 21.414.147