Lunes 10 de Marzo de 2008
Muchas de las actividades recreativas juveniles se desarrollan en ambientes donde manda la estridencia. Escuchar música a altos niveles sonoros por uso indiscriminado de iPod o MP4, concurrir asiduamente a discotecas y otros lugares bailables o tocar instrumentos musicales de gran potencia sonora como la batería, exponen a probables pérdidas auditivas. El límite entre la exposición peligrosa y no peligrosa a ruido continuo está en los 85 decibeles. Algunos boliches han mostrado valores de 100 decibeles, el equivalente al ruido de un avión al despegar. Es preciso comprender la gravedad del caso y no dilatar el comienzo de campañas públicas de salud auditiva adolescente. Es un compromiso que el Estado, los padres y educadores no pueden soslayar. Aunque les resulte difícil convencer a los jóvenes de que dedicar tantas horas de sus vidas a estas actividades es arriesgarse a quedar sordos precozmente.
Carlos Alberto Parachú, LE 6.012.558