Cartas de lectores

Solsticio de verano en Yulin

Miércoles 05 de Junio de 2019

El verano comienza en Yulin, China, con el más atroz y cruel biocidio de perros y gatos que pudiera concebir la más maquiavélica imaginación humana. La máquina de torturar seres vivos, cocinándolos, asándolos o sopleteándolos en estado de plena conciencia, se echa a andar, carente de cualquier sentimiento o empatía humana. El objetivo atraviesa las carnes de los inocentes y estremece hasta el alarido: cuanto más dolor, más adrenalina, mejor carne. Bárbara y aberrante esta explotación miserable de inocentes animales indefensos se repite año tras año desde hace dos décadas con la complicidad del Estado que posibilita esta manifestación de sadismo explícito, no oponiendo ninguna traba a la realización del espectáculo. A pesar de ser una de las principales potencias mundiales y de manifestar avances en todos los campos del quehacer humano, la República Popular China no tiene una sola ley de protección animal en pleno siglo XXI. El festival de Yulin comenzará oficialmente el viernes 21 de junio pero meses antes ya empezaron a arribar los camiones abarrotados de jaulas con gatos y perros sedientos y hambrientos, muchos de ellos agonizantes o muertos por no haber recibido bebida ni comida durante los largos trayectos que suelen alcanzar más de 1.600 kilómetros. Nada detiene a los que son participes necesarios en este espectáculo, porque muchos de los animales son robados o arrancados a sus familiares que los han cuidado con amor, pero nada pueden hacer ante la horda enfurecida y la falta de leyes de protección. El clamor del mundo se trasmite de múltiples maneras y con millones de firmas de repudio. La sociedad ha comprendido que no basta con no hacer algo, lo que realmente tiene valor es evitar que se haga.

Felisa Aurascoff

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