Lunes 17 de Marzo de 2008
El pasado 6 de enero, un accidente doméstico provocó un incendio que destruyó totalmente la precaria vivienda donde vivía Alicia con su hermana Pilar, que es ciega, y con Nenucha, una mujer con una discapacidad profunda. Alicia, a sus 63 años, trabaja infatigablemente como empleada doméstica, para sacar adelante el hogar que comparten. La casita de estas mujeres se vio en pocas horas reducida a cenizas. Milagrosamente salvaron sus vidas, pero perdieron todo: se quedaron con la ropa puesta. Los vecinos de Empalme, donde estaba ubicada la casita, las conocen y prestaron ayuda desde el primer momento, acogiéndolas en su casa los primeros días y brindándoles lo que podían. Luego, los sacerdotes de la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe se hicieron cargo de todo. Pusieron a disposición una habitación, comida y hasta un sitio para ir guardando lo que recibían (ropas, vajillas, etcétera) de quienes al enterarse de lo ocurrido intentaban aportar alguna ayuda. Los sacerdotes incluso dieron su tiempo acompañando a Alicia en los innumerables trámites que todavía está haciendo para rehacer los documentos de identidad, y para intentar obtener del Estado alguna ayuda. Pilar y Alicia se apoyan en Dios y en el afecto que mucha gente les tiene pero sin duda esto es una prueba muy dura. Lo poco que tenían les había costado años conseguirlo, pero no se quejan. Agradecen a Dios haber salvado sus vidas, agradecen la ayuda que reciben de sus vecinos y amigos, agradecen el apoyo incondicional de los sacerdotes de su parroquia y también agradecen la amabilidad de los distintos funcionarios que han tenido que tratar. Pero, lamentablemente no tienen nada que agradecer a nuestros gobernantes porque en estos casos el Estado está totalmente ausente.
Raquel de la Riestra, DNI 4.218916