Sábado 20 de Septiembre de 2008
Cuando escuché por radio que se programó otro paro docente en la UNR para el lunes 22 de septiembre sentí un fuerte impulso de escribir esta carta. Sólo pretendo un debate más profundo acerca de los paros en la educación. Creo que nadie duda a esta altura de que los docentes son trabajadores. Tampoco es mi intención establecer un debate acerca del indudable derecho de huelga amparado por la Constitución nacional. Pregunto: ¿no habrá llegado el tiempo de una discusión en serio de todos los ciudadanos y sus representantes acerca de la necesidad urgente de elevar el presupuesto para la educación? ¿No es ésta la verdadera discusión política y no, como suele decirse, de los intereses del sector? ¿No es este un problema político con mayúsculas? ¿No habrá llegado el momento de promover desde las aulas hacia toda la sociedad una profunda discusión acerca de la transformación que diferencie y jerarquice la labor docente, dado que su trabajo está orientado al interior del hombre? El docente es el único gremio que trabaja en la formación del hombre. ¿Cómo se articula el vacío que genera la discontinuidad en la transmisión educativa por los días sin clase, con la necesidad de reconstruir una sociedad responsable, con jóvenes que puedan amasar una idea del futuro? Y no hablo de cantidad de días de clases, sino del significado que se transmite cuando se deja de ir a la escuela. Toda forma nace, crece, se degrada y muere. La forma del paro docente está degradada, molesta pero ya es parte de la cotidianeidad; por lo tanto, ha perdido su significado. Los padres en lo más íntimo, sería necio negarlo, queremos que nuestros hijos se eduquen, que los docentes den clases, que ganen bien, que se formen, que generemos juntos una idea de futuro, con niños sin urgencias, con jóvenes formados, con responsabilidades sin temor a asumirlas. Todas las decisiones generan consecuencias y en el hecho educativo, el sujeto de la educación es el educando, y este sujeto es el más débil porque se está formando. Por lo tanto, a esta altura de los hechos, ¿no habrá llegado el momento de pensar que sin quererlo se está contribuyendo a la distorsión y degradación de las relaciones entre los hombres? La sociedad no existe sola. Existe el hombre y es el hombre con sus relaciones el que construye y sostiene la sociedad. ¿No estamos dejando a los niños, adolescentes, jóvenes, desamparados? ¿No tendríamos nosotros los adultos que ser su anclaje, su ejemplo? ¿No habrá otra forma para hacerse oír y reivindicar la labor educativa diferente al paro? Pensemos juntos.
Beatriz Dettoni, DNI 6.296.006
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