Siglo XXI, ¿cambalache?
Un campo de batalla. Reina un silencio engañoso. La calma anuncia la cercanía del caos y la violencia. Un eco de voces lejanas. Murmullos. Gestos alarmados. Rostros paralizados. Pasos estruendosos. Golpes salvajes.

Miércoles 16 de Julio de 2008

Un campo de batalla. Reina un silencio engañoso. La calma anuncia la cercanía del caos y la violencia. Un eco de voces lejanas. Murmullos. Gestos alarmados. Rostros paralizados. Pasos estruendosos. Golpes salvajes. El público no desea observar la despiadada función pero, incrédulos, permanecen atentos a la guerra. ¿Una batalla épica? ¿Un episodio mítico? ¿El párrafo de una novela? No. El cuadro dantesco del que se puede ser testigo los días viernes en la emblemática plaza Pringles, cuando grupos de jóvenes comienzan su ritual asesino. Tribus de adolescentes bajo el efecto alucinógeno de quién sabe que error educativo. Un viernes pude ver el tétrico espectáculo. Un viernes asistí, sin desearlo, al oscuro desfile de palos, miradas violentas y gestos sangrientos. En mi propia ciudad, frente a mis propios ojos. Un adolescente sufrió la embestida cruel de una de las tribus urbanas. El ataque fue devastador. El joven quedó en el piso. La policía fue recibida con certeros botellazos por parte de los adolescentes-soldados. Los oficiales no estaban invitados a participar de la contienda. Un cuadro dantesco, sin duda alguna. En la plaza cercana de su ciudad. Entrada libre y gratuita. Salida, si tiene suerte. La casa se reserva el derecho de admisión. Prohibida la entrada a la moral, la ética, el respeto y a los valores en general.

Sebastián Isla