Ser tachero hoy
Los rostros de los pasajeros se confunden al final de la jornada. Los semblantes se entremezclan en la puja por el alivio del regreso al hogar y la certeza de imaginar la misma rutina para el día siguiente. Y a menudo, como un flash, por lo general cuando estás cenando, te acordás de aquellos puntuales que te hicieron el día mucho más complicado de lo que era.

Miércoles 15 de Octubre de 2008

Los rostros de los pasajeros se confunden al final de la jornada. Los semblantes se entremezclan en la puja por el alivio del regreso al hogar y la certeza de imaginar la misma rutina para el día siguiente. Y a menudo, como un flash, por lo general cuando estás cenando, te acordás de aquellos puntuales que te hicieron el día mucho más complicado de lo que era. Esos que te hablan como si hubieran comprado el mundo hace unos minutos nada más; esbozando frases desafortunadas como: "¿No puede ir un poco más rápido?"... "Ustedes lloran pero viven bien, hacen buena guita"... "Vos la pasás bien, estás sentado" o "no tenés jefe y hacés lo que querés". Entonces te das cuenta de que el problema no sos vos. Es una cuestión de "ceguera social". Es la típica costumbre argentina de analizar situaciones de manera superficial y sacar conclusiones apresuradas, erróneas e injustas, poniendo a todos en la misma bolsa. Cómo le explicás a alguien que tiene oídos y no oye; que a pesar de ser un varón hecho y derecho a veces tenés miedo de circular por algunas zonas de la ciudad, porque varios colegas ya pagaron con su vida por esa osadía, empujada por el trineo de la necesidad de llevar un mango a casa. ¿Cómo hacerle entender a la gente o a los concejales (tan políticos ellos) o al secretario de Servicios Públicos de turno que para subsistir tenés que estar conduciendo 11 o 12 horas diarias, 6 o 7 días a la semana? ¿Cómo les contás que tus hijos saben que sos su padre porque te ven en el portarretratos de casa y no por las horas del día que pasás con ellos, porque el taxi te las robó? ¿Cómo explicarles que vos no sos el que hace negocio con las monedas ausentes, que es el colectivo el que no pisa el freno porque es más grande, y eso parece ser lo que da prioridad o derecho en este país? ¿Entenderá que la mayor parte de la recaudación de este mes se la llevó el mecánico? Tuviste que arreglar el tren delantero otra vez porque las calles parecen la superficie de la Luna y el milagro llamado subsidio ningún profeta se anima a pronosticarlo. ¿Saben que a veces la necesidad de estirar el dinero un día más compite en un combate colosal en tu cabeza contra la reparación o la carga del aire acondicionado del coche? Allí es donde llegás a la conclusión de que lo tuyo no es una profesión. Ser tachero requiere cantidades bien balanceadas de templanza, responsabilidad y afecto por lo que uno hace. En realidad es una disciplina disfrazada de profesión. Un saludo cordial a todos los que comparten esta disciplina, y a los usuarios del servicio que nos comprenden como si fuésemos de la familia.

Hugo Seminara, hugoseminara@gmail.com, www.solotaxi.com.ar