Cartas de lectores

Ser feminista en un pueblo

Organizadas, unidas y empoderadas, así, una a una nos fuimos uniendo en una única voz.

Miércoles 08 de Agosto de 2018

Organizadas, unidas y empoderadas, así, una a una nos fuimos uniendo en una única voz. No éramos muchas, acá, en este pueblo, no somos muchos; pero algo fue latiendo desde las entrañas de esta pequeña parcela que llamamos "hogar". Vivir en un pueblo no es fácil, nos conocemos todos. Levantar la voz nunca es fácil, imagínense hacerlo en un pueblo donde la mirada y el prejuicio están a la orden del día, poner un blanco en la espalda, mostrar no sólo tu cara sino también lo que sentís, lo que pensás, por aquello que luchás. Te convierte en un punto, te convierte en alguien de quien opinar. Ser feminista en un pueblo ha generado que personas que me saludaban por la calle dejaran de hacerlo, llevar el pañuelo en la muñeca, en el cuello, en la mochila hace que la gente voltee, opine, murmure. Pero ese latido es más fuerte, algo te impulsa a ir más allá, a levantarte y convertir el susurro en grito, en pañuelo, en lucha. De repente te encontrás con mujeres valientes que también sentían esa vibración en el cuerpo, y cuando te creías sola, te topás con una realidad que te golpea, hay luchas que son más importantes que una forma de mostrarse al mundo. Te juntás a tomar mates y cuando menos te diste cuenta estás ayudando a organizar un pañuelazo verde en la plaza del pueblo, con miedo a que vaya poca gente. Los nervios corren los días previos. Los vecinos se enteran de lo que va a pasar, y entre nosotras nos deseamos suerte y tranquilidad para el tan esperado día. Y cuando llega, cuando es el momento de plantar una bandera en la plaza, la gente ya sabe qué va a pasar, algunos "aprovechan" el día para ir a la plaza también, pero uno sabe que quieren ver qué va a pasar, quienes están, cuántas somos. Pero no nos importa, estamos ahí y pañuelos verdes en los cuellos, manos y mochilas de mujeres libres empiezan a aparecer, nos encontramos en un abrazo de sororidad, en un agradecimiento eterno, en un "nos felicito". Nos sentamos en ronda, cantamos, suenan bombos y platillos y nos contamos nuestras historias, nos escuchamos, nos preguntamos y nos respondemos. Nos asombramos de la juventud, de las estudiantes de secundaria que no sólo llevan el peso de ser parte de este pueblo, sino también de estar en una institución y en una edad donde el prejuicio está presente constantemente. Ellas, las más jóvenes, son el futuro, son el presente, se hacen oír, y aunque no sólo lleven un blanco en la espalda en la calle y en la escuela, también llevan un pañuelo verde. Y así, en este pueblo, en esta plaza, nos miramos las organizadoras, orgullosas de haber alzado la voz, de haber convertido unos mates en casa con sillas contadas, a un encuentro de mujeres empoderadas, unidas y organizadas, donde todas tenían voz, donde no había sillas porque no alcanzaban, donde no había un mate, había diez.

Belén Casañas Sbrascini


Mi opinión sobre el aborto
No coincido con una nota publicada en este diario el último domingo, parece tendenciosa. ¿Cómo pueden dar por cierto que la sociedad ya decidió por la legalización del aborto? ¿No se fijaron en la "ruidosa" marcha? Estoy casi seguro que si se haría una encuesta nacional de toda la población habilitada para votar el resultado sería el rechazo. Que los diputados votaron a favor no es ninguna garantía, porque inciden cuestiones personales y algunos son panqueques. Nadie puede dudar que el aborto es un asesinato. Además, es un crimen aberrante porque se mata a un ser infinitamente inocente e indefenso. Cualquiera que sea el resultado de la votación, ya apareció en el país una gran grieta, bienvenida sea, porque sabemos así quiénes están a favor del asesinato del bebé en el vientre de la madre, y quiénes estamos por la vida.
DNI 6.347.664


Entre dogmas y pañuelos

El debate por la despenalización del aborto deja al desnudo cómo operan explícita e implícitamente los sectores más oscurantistas de la sociedad. Esta situación no es nueva en la Argentina, vale recordar los debates por el laicismo en la enseñanza pública en el Congreso pedagógico del cual surgió la ley 1.420 que permitió alfabetizarse a generaciones de mujeres y hombres. Luego de encarnizados debates triunfó el laicismo y gratuidad para los estudios. Durante la presidencia de Frondizi los estudiantes defensores de la educación popular lucharon con heroísmo contra la emergencia de las instituciones privadas y la mercantilización de la enseñanza. Finalmente, Frondizi claudicó cediendo a los mercaderes. Ahora, con una gran dosis de morbo e hipocresía por parte de poderosos sectores dominantes se pretende impedir a las mujeres el acceso a la libre decisión sobre sus cuerpos.
Carlos Solero


El día de la verdad

Y llegó el día de la histórica votación en el Senado de la ley de aborto, parecería que poco queda por decir. Sin embargo, es sugerente para muchos que, como yo, se oponen a la sanción de esta ley, que no se haya puesto en evidencia la inconsistencia de muchos de los argumentos esgrimidos por los movimientos pro abortistas. Por ejemplo, los que hacen al pedido de aborto seguro: quienes apoyan el aborto afirman que "miles" de mujeres fallecen al año debido a abortos clandestinos. Sin embargo, basta con estudiar las tasas de mortandad para comprobar que esto es inexacto. Sin ir más lejos, en los rangos de edades fértiles la tasa de mortandad total masculina (asumiendo que las muertes por aborto estén registradas bajo otros conceptos) supera a la femenina. De cierto lo afirmado debería ser al revés. Basta citar a las autoridades de nuestra provincia, abortistas todos ellos, que afirman que desde 2012 no se registran muertes por abortos clandestinos en Santa Fe. Ni hablar de argumentos tales como los que he escuchado decir a distintos pro abortistas: que "los embriones no están vivos" o, que "si lo están, no son humanos". O bien son "un montón de células indiferenciadas, como un tumor" (cita textual). La sociedad a lo largo de su historia ha ido progresando en la extensión y ampliación de los derechos humanos, eliminando injusticias e incluso redefiniendo el paradigma de lo que significa ser humano. Lo hizo cuando abolió la esclavitud o cuando se logró el voto universal, dando acceso a este derecho a las mujeres. En ese sentido, veo a la legalización del aborto como un retroceso: nuestra Constitución protege al ser humano desde su concepción. La sanción de esta ley cercenaría este derecho, dejando en manos de otras personas la decisión de si tiene derecho o no a vivir. Cualquier otro ser humano, en cualquier otra condición que fuera sometido a esto clamaría, justamente, por su derecho más fundamental, el derecho a la vida. Nos encontramos frente a un conflicto de derechos. Por una parte el derecho a vivir, por el otro el derecho a, como lo exponen, disponer del propio cuerpo. Considero indemostrable el que un embrión no sea humano o no esté vivo, y si de algún modo debe zanjarse esta discusión debería hacerse buscando avanzar no sólo en la ampliación de los derechos humanos, sino en la mismísima definición de tal. Y un embrión cuenta con su propia identidad genética, distinta de la madre y es por tanto otro cuerpo. De hecho se podrían, con las políticas correctas, proteger a ambos sectores y posiblemente a un costo muy inferior al del establecimiento de quirófanos en todo el país para suplir el aumento que demandarían los abortos legales: a través de la educación sexual y la provisión de anticonceptivos se podrían evitar embarazos indeseados.
Juan Pablo Zucco


No se trata de ganar o de perder

Ganar o perder. Muy lejos ya de quién vive o muere, o si una, dos o ninguna vida es priorizable. Mucho más allá de moral, ética, religión, feminismo o sensatez, esa eterna dualidad de la victoria olvida el
objeto de su disputa a horas de sancionarse o no en el Senado la ley de interrupción voluntaria de embarazo a 14 semanas de gestación. Sea la propia opinión cual fuera, sea ésta engendrada por experiencia o por capricho, duele reconocer que esta Argentina tan golpeada no ha madurado ni un palmo. Entre continuas cinchadas de fuerza, hoy parece utópico el desear que algún día, lejos de fanatismos y aprietes se imponga por consenso el proyecto más apto.
Karina Zerillo Cazzaro
DNI 21.653.863


Filosofías pro abortivas

Entre muy floridos argumentos, las personas "pro aborto", culpan a la religión como obstáculo para la legalización de dicha práctica. Si bien mucho puede decirse al respecto, el término "religión" en general es muy mal entendido y por lo tanto muy mal utilizado. En su acepción latina el mismo viene de "religio" que significa "re-ligar" o sea volver a ligar algo que se rompió. En realidad es uno de los principales esfuerzos del hombre, junto a las buenas obras, filosofías elevadas, moral, para tratar de remendar la relación con Dios, rota en el huerto del Edén. Este conjunto de creencias, normas y prácticas, liturgia y rituales, con mucho fanatismo, legalismo y opresión, nada tiene que ver con el camino elegido por Dios para volver en intimidad con El, el cual es a través de Jesucristo. Las Sagradas Escrituras definen a dicho término de la siguiente manera: "La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo". (Santiago 1:27). Nací en un hogar donde nada tenía que ver lo que erradamente la mayoría llama religión y sin embargo aprendí a respetar y valorar la vida desde la misma concepción, como derecho primordial y fundante de todos los demás. Asimismo, aprendí el valor de la pureza sexual, respetando mi cuerpo y el de los demás, por ser el importante portador de nuestro ser inmaterial. Creo que la filosofía que sustenta la aprobación del aborto sería un relativismo total, el cual descarta de plano toda verdad o creencia de validez universal, dándole a todo sólo un valor subjetivo, impulsando por lo tanto, a un accionar "a gusto y piaciere". Hay un verdadero "nihilismo ético" (doctrina de la nada) con el cual se da lugar a la amoralidad, borrando el límite entre lo moral y lo inmoral. Esto recuerda a los antiguos epicúreos, quienes aunque también mencionaban los goces del alma, se centraban en los placeres sensuales (en especial comida y sexo) como principal fuente de la felicidad, tratando de evitar todos los obstáculos que pudieran impedir el placer como meta. Sólo se piensa en el hoy sin importar el mañana. Por ello, tanta juventud apoya el aborto legal, obteniendo así carta libre para sus conductas concupiscentes carentes de todo principio moral, eximidos de toda responsabilidad. Sería (valga la expresión) un pase legal al "fornique libre". Esto nos habla del vacío interior, y la superficialidad en la vida de muchos de nuestros jóvenes.
Raquel Pierri
DNI 4.628.115


Un debate absurdo

El debate sobre la despenalización del aborto es un absurdo. Porque tanto la realidad, como las leyes vigentes, y hasta la religión cristiana, desaprueban la prohibición. La realidad: en la práctica, la prohibición ha demostrado ser probadamente inútil para defender ninguna vida. Al contrario, sólo causa horribles muertes. Dejando, a veces, hijos sin madre. Justificar su defensa con expresiones que remiten a que "no se puede deducir lo que debe ser, de lo que es (Hume), implica priorizar sobre los dramas humanos citados, que una norma exprese (sin beneficio para nadie), que esas mujeres se merecen morir". Esto implica confundir el "orden jurídico" con el "orden moral" , porque las normas morales establecen "lo que debe ser". Las jurídicas establecen "lo que se puede hacer", en las relaciones entre las personas, y entre éstas y su entorno, para posibilitar la vida en sociedad. Tienen un fin práctico. Si no son útiles, son un sin sentido. Si lo exceden, invaden la vida privada (ámbito de las normas morales). Constitución nacional (art. 19): "Las acciones privadas de los hombres, que no afecten a terceros ni ofendan el orden y la moral pública, están reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados". Y el vocablo "terceros" refiere a "personas". No a óvulos fecundados. Los que tienen vida, pero son sólo un proceso biológico que puede, o no, devenir en persona. Código Civil y Comercial (art. 21): "Si no nace con vida, se considera que la persona nunca existió". Código Penal (art. 86): "El aborto practicado por un médico diplomado con el consentimiento de la mujer encinta, no es punible si se ha hecho con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la madre". Ningún parto es 100% seguro y "la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades" (OMS). El aborto voluntario nunca debería ser punible.
DNI 12.523.270


Seamos empáticos

Todavía no sé si fue el insomnio o que acababa de leer un comunicado que hicieron las Mujeres Socialistas. Orgullosa de mis compañeras, de lo que habían logrado plasmar en un papel. Se ve que me quedó en la cabeza. Y me acosté. Y empezaron a salirme palabras, frases, memorias. Hice el ejercicio de recordar si siempre había tenido la misma postura frente al aborto. Me costó, porque hace ya diez años que milito en el Partido Socialista, cuya postura histórica a favor también es la mía. Pero quise ir más atrás, a momentos de secundaria. Me acuerdo que temas como droga, orientación y elección sexual, aborto, eran todos tabúes. No perdíamos tiempo en hablar porque ya sabíamos que era para debate, para largo y para nunca llegar a ponernos de acuerdo. Entonces evitábamos esos temas, nos aburríamos. Pero ahora creo que ese era el efecto buscado, no discutir porque perdíamos el tiempo. Y así nos volvíamos apáticos. Por eso pienso que hoy, donde todo parece para mí tan claro, tan masticado y digerido, que no es más que producto de la lucha incansable de mujeres, y del otro lado, un instinto reactivo de grupos conservadores que no quieren perder el poder de la univisión con la que nos tuvieron adormecidos y apáticos a la mayoría durante muchísimo tiempo. Debemos hacer todos el ejercicio de reflexionar acerca de nuestra historia, nuestros pensamientos y convicciones y sobre todo de generar empatía. Hoy ya no nos preguntamos si los gays tienen los mismos derechos que los no lo son. Hoy podemos dejar de preguntarnos por qué siguen muriendo mujeres por abortos clandestinos. Podemos hacer historia. Y enseguida, darnos el debate en torno a la legalización de drogas, la reducción de daños, el autocultivo. Reflexionemos. Démonos el tiempo para pensar, para debatir y posicionarnos. Miles de mujeres hace rato nos lo piden. Y yo como mujer y socialista también pido. Pedimos que se nos reconozca el derecho a decidir y a no morir. Seamos empáticos.
Flavia Petrocelli
DNI 32.734.135

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