Jueves 01 de Septiembre de 2022
Si las ciudades más importantes de Argentina tuvieran que estar en diferentes áreas de un hospital, Rosario estaría sin duda en terapia intensiva. Los brotes de violencia, balaceras, delirios, robos, asesinatos, manifestaciones, gente mendigando y caos en el tránsito hacen de la gran Rosario una distopía de su personalidad.
“Plata o plomo”: el lema que está representando a la ciudad, es decir homicidios y balaceras. En el 2021 hubo 241 homicidios y se denunciaron 1.500 ataques a balazos. En lo que va del 2022, ya hay más de 156 asesinatos “declarados”. Con estos escalofriantes datos, la tasa de homicidios cuadriplica la media nacional. Los rosarinos que en otros tiempos se jactaban de ser la ciudad “semieuropea” hoy se mexicaniza. Los habitantes están tan castigados con la inseguridad, que cuando un ciudadano visita otros pueblos tranquilos y alejados, sufren del “síndrome del rosarino” una especie de delirio donde creen que le van a robar al escuchar una moto.
La ciudad huele a morgue, hace años una ola de humo acosa a Rosario debido a una quema de pastizales de Entre Ríos. El tráfico es otro dolor de cabeza. Quien ha visitado el centro de Rosario en auto sabe el verdadero infierno que es circular y estacionar, sin contar la ira y furia de los taxistas debido a tantos cortes, manifestación u obras en construcción.
Otro ingrediente que suma es la “diáspora” rosarina. La cantidad de rosarinos que huye demuestra que las principales razones son la “inseguridad y la situación económica”. Antes Rosario era conocida por el Che Guevara, Messi, Fontanarrosa o el rock nacional. Ahora es conocida por “los Cantero”, “los Monos”, los “sicarios” y la rapiña callejera. Rosario sangra. Ya es innegable y es, desgraciadamente, la ciudad más psicótica y violenta de la Argentina.
Profesor en psicología Edgar Espíndola