Cartas de lectores

Rescatistas con pura vocación

Lunes 19 de Febrero de 2018

En las graves contingencias naturales que ocurren en la Argentina, como inundaciones, bloqueos de rutas por nevadas, incendios forestales y derrumbes de laderas, aflora en todo su esplendor la solidaridad de la sociedad y de los agentes profesionales. Autoridades nacionales, provinciales y municipales, Gendarmería, Ejército, Prefectura, Bomberos, Defensa Civil, Aeronáutica, Vialidad, guardavidas, Dirección de Tránsito, cuerpos médicos, la Cruz Roja, ambulancias y rescatistas realizan una ímproba labor en favor de numerosas personas. Cuando a fines de enero comenzaron las devastadoras inundaciones en el Noroeste y en algunas ciudades del Litoral, se activaron inmediatamente las organizaciones de ayuda instalando centros de recepción de alimentos y elementos necesarios en esos casos, contando con la generosa respuesta de la comunidad. Las intensas lluvias en Bolivia que provocaron estragos en el país hermano, hicieron crecer los cauces de los ríos Pilcomayo y Bermejo en territorio argentino, originando desbordes que obligaron a evacuar a miles de familias, la mayoría procedentes de comunidades pobres arraigadas a la vida de la costa, que tendrán que pensar en una reubicación menos peligrosa pero siempre cerca del río, su medio de subsistencia. Paradójicamente, el Pilcomayo que por inusuales precipitaciones alcanzó un récord histórico de altura, es el único río del mundo en vías de extinción. Otra vez se cuestiona la deforestación que degrada el suelo y le resta capacidad de regular las crecidas, al estar compactado y sin cobertura vegetal. Este es un tema que resurge ante cada inundación y que alguna vez deberá tener una solución definitiva. Ahora bien, a propósito de rescatistas, es muy grato destacar el desempeño del grupo comandado por Ariel Dip, grupo integrado por Guillermo Villa, Néstor Medina, Martín Rodríguez y Francisco Severo, para salvar la vida de siete mayores y cinco niños en la tucumana región de Famaillá a fines de enero. Pero estos hombres no estuvieron solos sino que contaron con la valiente determinación de Miguel Angel Giménez, quien fue el primero en arrojarse al embravecido río Colorado. Como sucede con otros ríos de montaña, el Colorado se encontraba tranquilo y con apenas medio metro de profundidad, hasta que de un segundo a otro se transformó en un torrente que arrastraba peligrosas ramas, poniendo en riesgo la vida de una familia de 12 personas cuyo integrante más pequeño era un bebé de 20 días. Después de un arduo trabajo, el valor y la experiencia conjugados en una acción conmovedora e inolvidable, lograron poner a salvo a esas 12 personas. Además del justo y emocionado reconocimiento de las autoridades provinciales y municipales de Tucumán, al joven desocupado Giménez, le prometieron un trabajo estable en la administración pública o en alguna empresa. Además informaron que proveerán más equipamiento para los rescatistas famaillenses. Este caso específico impactó por sus ribetes emotivos, pero creo que corresponde reconocer a todos los que rescataron personas vía aérea o con botes en esas castigadas zonas inundadas. Hecho no muy resaltado a nivel nacional. Quiero sumarme a quienes expresaron su gratitud y aliento, a los que sin distinción de jerarquías, trabajaron día y noche sin descanso en tan difíciles circunstancias.

Edgardo Urraco

DNI: 6.042.889

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