Reflexión sobre el tren bala (I)
Es muy difícil escribir sobre algo de lo que se ha discutido mucho porque uno no sabe si va a aportar algo nuevo. Además, es seguro que estas líneas no van a afectar la decisión ya tomada por el Poder Ejecutivo de instaurar un tren bala que una Capital Federal, Rosario y Córdoba.

Viernes 25 de Enero de 2008

Es muy difícil escribir sobre algo de lo que se ha discutido mucho porque uno no sabe si va a aportar algo nuevo. Además, es seguro que estas líneas no van a afectar la decisión ya tomada por el Poder Ejecutivo de instaurar un tren bala que una Capital Federal, Rosario y Córdoba. Parece mentira que en nuestro país pasemos del desmantelamiento del ferrocarril a lo largo de décadas -con las lamentables consecuencias que eso ha acarreado- a una obra faraónica que sólo será cartón pintado, simple escenografía. En el medio, por supuesto, está la célebre frase del malvado absoluto: “Ramal que para, ramal que cierra”. En realidad, el tren bala es un absurdo en las actuales condiciones y como se ha planteado. Aportará poco y nada para solucionar el problema de los traslados en nuestro país. Un tren de esas características no tiene sentido en el trayecto planteado. ¿Quién se va a tomar un tren con pasajes caros para llegar a Buenos Aires en dos horas si en avión puede llegar en treinta minutos? Un tren así tiene sentido en trayectos largos y por supuesto, con tarifas accesibles. Es mentira que el tren bala está pensado para la clase media y menos aún para los de menos recursos. Además de lo costoso de su instalación, quedará como un pavo real en medio de gallinas enflaquecidas y desplumadas. Es decir, no podremos sentirnos orgullosos de un tren bala mientras los trenes normales funcionen como tortugas tembleques. Antes de aprender a correr, hay que aprender a caminar. Pensar seriamente el sistema de transportes en nuestro país no es poner el ojo en el tren bala. Es rediseñar, mejorar y optimizar lo que ya está, y después pensar en cosas nuevas. A cualquiera le parecerá ridículo instalar grifería enchapada en oro en una choza que está a punto de desmoronarse. El tren bala puede ser el último escalón de un proceso de crecimiento de los ferrocarriles, pero nunca puede ser el primero.

Gustavo Alberto Rosa
DNI 16.536.260
afortunat@hotmail.com