Cartas de lectores

Recorte de prestaciones

Hace más de 10 años que padezco de artrosis en las rodillas.

Sábado 13 de Octubre de 2018

Hace más de 10 años que padezco de artrosis en las rodillas. Siempre con medicamentos y kinesiología, sin resultados, con el agravante de intoxicar el estómago con la "falopa legal" y que la dolencia se replica en otras articulaciones. Desde el enero de este año que está la decisión de una cirugía con prótesis. Idas y vueltas sin resolución, son varios los profesionales que no la autorizaban (¿orden de la obra social?). Finalmente, hay uno que se conduele con mi gran sufrimiento físico y psicológico y encara el tema. Nuevo problema. Desde mediados de agosto que la obra social niega la prótesis. Concurro al director y para mi sorpresa veo que hay muchos afiliados con diferentes patologías que pasan por la misma circunstancia, prótesis, internación domiciliaria, cirugías, stents, estudios especiales como tomografía, entre otros. Hay una clara evidencia de que no les importa la salud. En mi caso siempre (en 44 años de trabajo) fui afiliada a Osecac con temas médicos menores, hoy que la necesito no está. Observo que muchas personas desfilan por la oficina del director reclamando y siempre obtienen la misma respuesta: "Nos estamos ocupando". Ocurre que ahora todas las autorizaciones se resuelven en Buenos Aires y la delegación de Rosario no puede hacer nada. Los del interior sabemos que el país termina en la General Paz, por ahora recurro a hacer pública la situación, luego analizaré otros caminos.

El clásico rosarino

Respecto a la organización del clásico una vez más queda demostrado la ineficacia e ineficiencia tanto de organismos de seguridad como la de dirigentes de los clubes para llevar a cabo uno de los eventos más importantes de Rosario. Es increíble que teniendo la posibilidad de jugarlo un domingo, fin de semana largo, se tenga que jugar un día de semana quién sabe a qué hora sin importarles en nada el hincha, el socio. En definitiva, terminan armando un clásico a puertas cerradas por los violentos que ya se sabe quienes son, que no trabajan, y sus únicas funciones son perjudicar a los clubes. Como dicen, el "clásico es una fiesta hermosa para la ciudad"; también comer un asado es lindo, pero terminamos comiendo una milanesa con puré.

También me arrancó el espejo un colectivo

Quería agregar mi reclamo a la carta de lectores del día 9 del corriente de la señora Elsa Bonafede. El 21 de agosto pasado estando estacionada en Mendoza entre Laprida y Maipú, una unidad de la línea K pasó pegada a mi auto y reventó el espejo, no sé bien cómo fue ya que yo no estaba dentro del vehículo. Fueron dos minutos, cuando volví un señor azorado me comentó lo ocurrido y, sin tener nada que disculparse, me dijo que no usa celular y no pudo sacar fotos al ómnibus. ¿A quién reclamarle? ¿A quién denunciar? Igual, por lo que leí, hubiera sido al divino botón. Después, los señores colectiveros se quejan porque la gente no tiene buenas referencias de ellos. Yo tendría diferentes calificativos para ellos, pero me los guardo.

Mauricio y el capital político

Finalmente, Miguel Lifschitz dijo una verdad: Mauricio Macri dilapidó el capital político (o lo que quedaba de él) a través de dos acciones que, para quienes lo votamos, son extremadamente impopulares: el desplazamiento de los tres funcionarios que investigaban a Calcaterra y la actualización de las tarifas de gas (después dio marcha atrás) para compensar la devaluación. Cuando estaba en campaña, Macri pidió que no lo dejaran solo. Sin embargo, fue él quien dejó solos a quienes lo apoyamos todo este tiempo. Una a una fue incumpliendo sus promesas electorales: resurgimiento económico, estabilización de la moneda y la inflación, investigación de los actos de corrupción. Sólo dos compromisos ha cumplido: actualización de tarifas y mantenimiento de los millones de planes que han logrado que millones de argentinos de tres generaciones desconozca lo que es un trabajo. Finalmente, Macri ha conseguido lo que todos esperábamos que jamás sucediera y que más temíamos: parecerse ominosamente al kirchnerismo, que durante años destrozara al país con su populismo, corrupción y autoritarismo.

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