Cartas de lectores

Prevenir en lugar de reprimir

Viernes 01 de Junio de 2018

¿​Fuerzas Armadas para seguridad interior?​ El gobierno intenta un golpe de efecto para cambiar el humor social existente. Y lo hace como muchas otras cosas en las que se equivocó, improvisando, sin buscar un proyecto en el cual estén invitados y comprometidos vastos sectores del quehacer nacional. ​Hace tiempo que venimos hablando de los "ni ni", de la droga en colegios, en fiestas y en las villas. Todos los bloques deben unirse para discutir y convertir en ley un "servicio civil de encauzados" o el nombre que quieran ponerle. Este debería tener como misión erradicar de las calles a jóvenes que no estudian ni trabajan y que además delinquen; en la mayoría de los casos se drogan y en otros matan, funcionando como una especie de "granja de rehabilitación" en donde deberían trabajar profesionales de la salud, el deporte y la enseñanza, cubriendo estos rubros donde están patentizadas sus carencias. A estos jóvenes habrá que desintoxicarlos física y psíquicamente, alimentarlos adecuadamente, obligarlos a estudiar y a capacitarse, a practicar deportes, enseñándoles valores y a no discriminar ni a odiar. Prepararlos para que puedan insertarse en el mundo del trabajo, en la cultura del esfuerzo y haciendo que renazca el deseo en ellos. El Estado tiene que adelantarse a la cárcel que les espera o a los asesinatos que seguirán ocupando la tapa de los diarios. Pretender que las familias que los expulsaron se hagan cargo de ellos o que adecuando políticas de subsidios vaya a cambiar la fórmula del cóctel explosivo que habita el cuerpo social (con índices de pobreza y marginalidad insostenibles), es como mínimo insuficiente. Son una tribu urbana sin control que acecha, amedrenta y empeora la vida de los vecinos. Hay que mejorarles su pronóstico de vida, darles certidumbre para no perder (ya no hipotecar) el futuro de todos. Los profesionales deberían ser secundados por la oficialidad del ejército que, con precisas normas y pautas, velarían por su cumplimiento. Y aprovechar la infraestructura cuartelaria, porque abarataría los costos para el Estado, acondicionándola para esta función. Mientras se piensa en depurar la justicia, en cómo combatir la corrupción y en cómo crear nuevas fuentes de trabajo, en reinsertarnos en el mundo y en repensar hacia dónde queremos ir, hay que ocuparse de los "ni ni" con un programa que los abarque a todos ellos al mismo tiempo y lo más pronto posible. Sin chicanas, el oficialismo y la oposición tendrían que darle forma para que se trate en el recinto. Además, un objetivo como este tendría un efecto multiplicador en muchos sectores de la economía que ​al ser convocados ​generarían muchos puestos de trabajo que podrían ser abastecidos desde otros lugares y con ello achicar una planta estatal elefantiásica.

Juan José de Guzmán

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