Carta de lectores

Populismo y capitalismo

Domingo 11 de Octubre de 2020

Existe una incompatibilidad básica entre las ideologías populistas de izquierda y la realidad del Existe una incompatibilidad básica entre las ideologías populistas de izquierda y la realidad del capitalismo internacional. En esta época de gran interdependencia planetaria, las reglas de juego están globalizadas y ni siquiera los países más poderosos están en condiciones de modificarlas a su antojo, y muchísimo menos nosotros, los argentinos. Y si pretendemos desconocerlas, como ya hicimos en incontables ocasiones, volveremos a fracasar. Quiero decir que, si un país económicamente pequeño pretende domesticar al capitalismo de su terruño, quitándole libertad por ejemplo, lo único que va a conseguir –dadas las implicancias, referencias y dependencias globales del capital– es que se contraiga. Veamos, si vertemos un vaso de agua en un recipiente vacío podremos manipularla a nuestro antojo, pero si lo volcamos en el mar lo que ocurrirá con nuestra agua ya no va a depender de nosotros y va a moverse al compás del gran volumen del que ahora forma parte. Que el capital es temeroso y propenso a huir cuando husmea peligro es una experiencia que los argentinos hemos comprobado muchas veces. Sus signos son: desinversión, menos empleo, más desocupación y aumento de la pobreza, entre otros males. Algunos “politicosaurios” autóctonos, integrantes de este gobierno, debido a sus antiparras ideológicas, a su descomunal soberbia, o a su resentimiento político, poseen fuertes impulsos precapitalistas y hasta anárquicos que contribuyen a perpetuar la desconfianza. Lo único que podemos esperar, si triunfan sus anacrónicas posturas, es asemejarnos cada vez más a la autocracia venezolana. Los populismos sin plata se vuelven autoritarios. Las enfermedades, a medida que se cronifican, generan más resistencia a la cura. En política económica ocurre algo parecido: los mismos remedios y las mismas dosis para los males crónicos, como la inflación o el déficit fiscal, cada vez son menos efectivos; cada vez hay más resistencia en la población a creer en un nuevo plan económico, o a cambiar hábitos muy arraigados. Se requiere de una confianza progresivamente mayor para lograr algún efecto, al tiempo que la credibilidad de los funcionarios, encargados de la ciclópea tarea, se debilita. Sintéticamente, este es el círculo vicioso causal de la decadencia argentina de las últimas décadas. Para romper con la siniestra circularidad es necesario un acuerdo político, lo más amplio posible, para disponer las políticas de Estado que nos aseguren un crecimiento sostenido, e independiente del color político del gobierno de turno, y así revertir nuestra declinación.

Jorge Ballario

DNI 10.858.926

Marcos Juárez (Cba.)

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