Martes 01 de Abril de 2008
Cuando era niño distinguía sin hesitaciones entre poeta y poetisa ("mujer que compone obras poéticas y está dotada de las facultades necesarias para componerlas"). Las feministas de entonces luchaban como locas valga la expresión contra la discriminación, tanto real como simbólica, donde el lenguaje cotidiano jugaba un papel importante. Ahora que soy viejo veo que, pese a todo lo que se dice y escribe sobre género, me encuentro con que las mujeres mismas, muchas de las cuales debieran aceptar la castellana denominación correspondiente a "la mujer que hace versos", prefieren decir la poeta, en masculino. ¿A tanto ha llegado el afán de snobismo lingüístico? ¿Proponen acaso que la presidenta, la médica, la abogada, la profesora, la psicóloga, la lavandera, la carnicera, etcétera, vuelvan por los antiguos fueros machistas y se les llame la presidente (como quería la inefable Isabel), la médico, la abogado, la profesor, la psicólogo, la lavandero, la carnicero, etcétera? ¿No era una conquista contemporánea? Sí, ya sé, probablemente me caiga una lluvia de críticas de los lingüistas y de los aficionados a la lengua. Para todo hay argumento, pero yo prefiero lo que me decía mi vieja maestra de segundo grado de una escuela fiscal perdida en la pampa gringa, sobre el uso del diccionario, adminículo tan vilipendiado en estos tiempos de confusa post-modernidad.
Ovide Menin, DNI 6.269.101