Cartas de lectores

Pichincha desarbolada

Cuando en julio de 2017 la Municipalidad anunció el objetivo de plantar tantos árboles como se pudiera de manera de llegar al 2030 con al menos un árbol por habitante, todos los que queremos una Rosario verde, sustentable y habitable nos alegramos por esa decisión.

Miércoles 15 de Enero de 2020

Cuando en julio de 2017 la Municipalidad anunció el objetivo de plantar tantos árboles como se pudiera de manera de llegar al 2030 con al menos un árbol por habitante, todos los que queremos una Rosario verde, sustentable y habitable nos alegramos por esa decisión. Ya que no sólo involucraba a los propios ciudadanos sino que se planteaba un compromiso de parte de los dirigentes. Qué pasó? No vemos que se esté cumpliendo con este desafío, es más, hemos comprobado la deforestación del arbolado público en zonas a las cuales se les ha encontrado un uso/negocio que mueve a comerciantes/pseudo-empresarios desaprensivos hacia su entorno humano y ambiental. Si ustedes recorren Pichincha podrán comprobar que en gran parte de los bares cerveceros instalados en la zona se "reemplazaron" ejemplares añosos por cercos de ligustrina que lejos de protegernos del calor, ruidos, polución y contaminación, sirven a modo de coraza contenedora de mesas, bancos y sillas aunque no de gente que las desborda por encima y de suciedad que la invade por sus raíces Muchos de estos negocios hacen alarde de ser o querer ser sustentables y amigables con el entorno, sin embargo no saben cómo tratar sus propios desechos. Mientras tanto estamos asistiendo a una nueva transformación del paisaje de nuestro barrio que contribuye a quitarnos identidad. "Y cada vez que partí llevé conmigo la imagen de mí barrio, que fui mostrando y dejando en las ciudades del mundo. Fui así como un viajero que viajaba con su barrio a cuestas. O como esos árboles trasplantados que sólo dan fruto si llevan adheridas a sus raíces la tierra en que nacieron y crecieron" (Benito Quinquela Martín).

Gloria Bereciartúa

DNI 13.167.275

Por una república laica

Nuestro país debería ser una república laica ya que es el único en el planeta con la postura de mantener los oficios religiosos en la Fuerzas Armadas y el vicariato. Desde hace años nuestro país, en base a un error de la Constitución, reconoce a los católicos como religión oficial lo que conlleva una clara discriminación hacia las demás creencias, es decir que contradice el espíritu del artículo 14 bis de la misma Constitución. Habida cuenta que el Estado y los cientos de subsidios a sus iglesias, centros educativos y sueldos a los prelados de alta condición olvidando además el recrudecimiento de chicos abusados por miembros de las iglesias y/o docentes de sus escuelas privadas, teniendo en cuenta además que, gracias a la colaboración prestada al régimen militar, estos prelados se jubilan a los setenta años sin aporte alguno y sin pagar impuesto a las ganancias. Sería conveniente que los diputados y senadores de la Nación corrijan esta postura para que todos los habitantes del suelo argentino sean iguales ante la ley y por sus creencias o posiciones religiosas. Sería una excelente determinación del Ejecutivo mandar un proyecto para que se dé por finalizada la discriminación en todos sus aspectos.

Graciela Fidélibus

Lenguaje inclusivo en el Pami

"Instruir a las distintas secretarías y gerencias de este instituto a los efectos de que las futuras disposiciones, circulares y demás instrumentos normativos sean redactados en lenguaje inclusivo de género". Nuestra memoria nos retrotrae a aquella imagen de CFK durante la celebración del primer izamiento de la bandera nacional. Rodeada de miles y miles de banderas de La Cámpora, que también tienen los colores de nuestra insignia patria, mientras disertaba la intendenta Fein, la ex presidenta hizo un ampuloso gesto hacia sus militantes, haciendo que en su boca se dibujaran las palabras que estaba pronunciando "vamos por todo, por todo". Pasados largos siete años de aquel recuerdo, la flamante directora del Pami nos está indicando que aquello del 2012, más que una incitación al fervor militante, fue una advertencia hoy más viva que nunca. Estaremos entrando en una etapa de "locura social colectiva".

Ovidio Winter

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