Miércoles 05 de Marzo de 2008
Un 2 de marzo de 1997, hace exactamente once años, la ciudad amanecía conmovida por un gravísimo accidente en las calles rosarinas, aquel que marcara nuestras vidas para siempre, porque desde ese entonces nada es igual. Salta y Oroño, Celeste y Daniela, dos calles, dos vidas, dos amigas, dos familias... No quiero hacer una reseña de lo que fue el caso, conocido por mucha gente, sí de las penas que desde entonces pasamos luchando por un mejor tránsito y por una resolución justa, sino recordarle a la sociedad que aún los problemas en el tránsito no se han solucionado, que los accidentes por imprudencias y faltas importantes, no mecánicas sino humanas, se siguen cometiendo con la misma impunidad que en ese entonces y que la Justicia sigue obrando del mismo modo, liberando a quienes atentan contra la seguridad de todos. Pareciera que las víctimas siempre son los culpables, claro no pueden hablar... Desde mi condición de ciudadana les pregunto a los señores que tienen el poder de cambiar, mejorando de a poco la calidad de vida de la población, ¿qué se hace para que el tránsito mejore? ¿Cómo se cuida al conductor y al peatón? ¿Cómo se educa a las personas que están involucradas al control? ¿Qué ocurre con la Justicia? ¿Se habrá inclinado la balanza hacia el lado equivocado? ¿O es que el dinero tiene más valor que la vida? No olviden que hay una mirada permanente, la de Dios, que el día de mañana les va a pedir que les rindan cuentas de sus actos. No hay lugar donde se puedan esconder que Dios no los encuentre.
Celia Haiek, DNI 17.460.780