Cartas de lectores

Odiados y odiadores

La palabra "odio" en griego significa "lo que se aborrece".

Domingo 03 de Noviembre de 2019

La palabra "odio" en griego significa "lo que se aborrece". Dicha pasión humana, tan promocionada voluntaria o involuntariamente por los medios de comunicación. Cuya evidente preocupación, finalidad o negocio sea en lo deportivo, social y rozando el patoterismo en el campo político, persigue alimentar las antinomias. Llevándonos como sociedad a la más destructora de todas las pasiones que significa odiar. Reconociendo que el humano viene cargado naturalmente de otras pasiones menos intensas como la envidia, la vergüenza o el miedo. Odiar, requiere un motivo movilizador, un tiempo, un objeto, una implicación con él y un objetivo final. Luego, inexorablemente, nada queda inmune al odio, todo lo traspasa y perjudica. Pueden odiarse personas, igualmente lo que ellas representan. También pueden odiarse pueblos, ideologías, mucho peor aún, se pueden odiar incluso ideas, por más irrisorio que sea. Habiendo logrado identificar el objeto, o las personas, se concibe al otro como algo a eliminar, porque su mera existencia perturba al odiador. El contrasentido patológico, consiste en que si bien el objetivo extremo sea la aniquilación del objeto odiado, también el sujeto se termina consumiendo por su causa. Mientras los predicadores del odio político cumplen su negocio, trasladan simultáneamente al odio como emoción popular. Cuando el odio radicalizado logra categoría de rencor, lo odiado será siempre odiado, aún modificando sus predicados o por mucho que se busquen coincidencias, porque lo que se odia es la existencia del otro. Lamentablemente, nos resultará difícil erradicar como sociedad el odio que nos han inoculado.

El cambio climático de los argentinos

Para una pluralidad de países el cambio climático implica que sus habitantes nunca puedan saber si el día siguiente no estará signado por un desastre natural, que se llevará vidas y las cosechas de esas vidas. Con excepción de las inundaciones, los argentinos somos mucho más agraciados. Sin embargo, tenemos un romántico affaire permanente con el dolor, como si estuviésemos encadenados al fuego: si no tenemos un desastre natural a mano, creamos uno artificial. Por supuesto, este comportamiento aberrante aflora con vehemencia y puntualidad cada cuatro años; a la hora de votar cuando, provistos de lupa y linterna, buscamos candidatos presidenciales que sabemos de antemano que van a causar tanto daño como un alud, un terremoto, un huracán o un tsunami. Porque convengamos que la opción de elegir a un joven triste o a un viejo mal vestido que supiera hacer bien el trabajo nos resulta muy aburrida. ¿Qué haríamos si no tuviésemos a diario algo para protestar o noticias de suculentos escándalos para ridiculizar y "cargar"? Como dijo un conocido personaje de los chistes argentinos: "vas a ver la gente que les pongo".

El peso de las palabras

En sus "Obras completas", Sigmund Freud dice, entre otras cosas, lo siguiente: "Las palabras, primitivamente, formaban parte de la magia y conservan todavía, en la actualidad, algo de su antiguo poder. Por medio de palabras, puede un hombre hacer feliz a un semejante o llevarle a la desesperación; por medio de palabras transmite el profesor sus conocimientos a los discípulos, y arrastra tras de sí el orador a sus oyentes, determinando sus juicios y decisiones. Las palabras provocan afectos emotivos y constituyen el medio general para la influencia recíproca de los hombres". A partir de las elecciones, ojalá las incontables promesas de un futuro venturoso para nuestra Nación realizadas por los candidatos políticos, no acaben diluyéndose en palabras vanas, mucho menos en desvergonzadas mentiras y palabreríos engañosos cuyo único fin haya sido el desmesurado deseo de acceso al poder.

Simplemente una breve reflexión

Cuando uno va a la peluquería, si no es buena, dicen que el peluquero anterior le cortó muy mal. Hace unas noches escuché lo mal y grosero que habló el presidente electo del presidente actual en Santiago del Estero. Ya sabemos que la gestión de Macri tuvo errores, pero los argentinos queremos hechos, no promesas (que es lo que sobra) y menos críticas. Además, no somos todos sordos, no hace falta que grite. Le pediría que busque la unión de todos nosotros, sin mirar para atrás. Los que lo votaron, esperan eso. Desde ya muchas gracias.

Bachilleres comerciales 1952

Quienes tuvimos el inmenso honor y la satisfacción de haber cursado estudios secundarios en la Escuela Superior Nacional de Comercio "Gral. San Martín" hemos conservado, desde nuestro egreso, la costumbre de reunirnos el tercer sábado de noviembre de cada año. Estamos cumpliendo el 67º aniversario sin interrupciones y si a ello le sumamos los cinco años de cursado llegamos a la conclusión de que hemos generado, durante 72 años, la gran vivencia de mantener la unión y la amistad. En los comienzos, la convocatoria era sólo para los ex alumnos pero con el correr del tiempo, cada uno armó su familia y se incorporaron las esposas. Sin dudas, ellas dieron pie a la consolidación del grupo con la inestimable paciencia y colaboración. La amistad nos ha llevado a formar parte de las familias, hemos compartido los festejos de cumpleaños, bodas, nacimientos, graduaciones y algunas desgracias. Hemos viajado por el país y el extranjero gozando de las estadías y conociendo nuevos lugares. En cada encuentro renovamos nuestros recuerdos, los buenos y los malos. Hoy deseamos homenajear un hecho que nos marcó profundamente cuando fuimos participes en los trabajos que se hicieron frente al edificio de la escuela con la plantación del retoño del pino histórico de San Lorenzo. Nuestra juventud supo valorar, en ese momento, las grandezas de nuestra historia. Sabemos que no somos el único grupo que perdura en el tiempo. Tanto ellos como nosotros pretendemos hacer llegar a la comunidad, un mensaje positivo en medio de tantas experiencias contradictorias del momento.

Merecemos un mejor trato

Deseo informar a las autoridades del Banco de Santa Fe que fui muy mal atendido por el personal que maneja las colas. Un muchacho joven trataba a la gente como ganado. Perdí mi tarjeta de débito y quise denunciarlo al número correspondiente pero no me atendieron, por lo que fui personalmente y tampoco me atendieron. Cobro mi jubilación desde hace 12 años en este banco y los jubilados merecemos otra atención. No se trata de sacarse la gente de encima con malos modales a la persona que expone un problema.

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