Domingo 17 de Febrero de 2008
Hoy, 17 de febrero, mi sobrino Diego Sebastián Viassolo, cumpliría 35 años, pero una mañana del 24 de noviembre del 2005 fue sorprendido en su negocio, el cíber de Rondeau al 300, golpeado, desnudado y asesinado brutalmente de cinco disparos a menos de diez centímetros de su cuerpo y rostro. Este crimen, como muchos otros, se encuentra a la espera de la sentencia que condene al autor o a los autores del hecho. La frecuencia con que se suceden estos delitos instalan en la sociedad un sentimiento de vínculo con la muerte, a la vez de un miedo que paraliza, aísla y nos conduce a la pérdida de nuestra identidad, nuestra dignidad y nuestras esperanzas. Hoy la violencia y la pérdida de vidas son parte del paisaje cotidiano. Como en el filme "El huevo de la serpiente", de Ingmar Bergman (1977), vemos a través de la delgada cáscara que nos acecha una serpiente aún más terrible. Como aquel blanco mantel se manchaba de rojo, así se manchan a diario nuestras calles. Por ello es necesario salir del lugar de la angustia, dejar de ser objetos del miedo, atrevernos a reflexionar como sujetos construcciones más profundas. ¿Dónde comienza la violencia, cómo se le pone fin? ¿Quiénes negocian la sangre derramada, el hambre, la marginalidad, la ignorancia, la impunidad, la muerte? En definitiva, ¿quiénes negocian con el dolor que, en este sistema vampiro, cumple años todos los días?
Beatriz García, DNI 10.557.805
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