Martes 30 de Septiembre de 2008
Creo que los adultos, básicamente por la dinámica de las grandes urbes van perdiendo poco a poco la capacidad de asombro, es decir ese estado previo que motiva a la aceptación o rechazo y a la acción o pasividad frente a hechos que los involucran. Las circunstancias más insólitas suelen ocurrir en la ciudad sin que, salvo movilizaciones inducidas u honrosas excepciones, nos saquen de la indiferencia y del adormecido derecho de ciudadanos. Pareciera ser que hechos muy auspiciosos merecedores de apoyo son iguales a los nefastos que requieren acción ciudadana correctiva ("Cambalache...", diría Discepolín). Los chicos tienen una actitud diferente, basta verlos en algún museo infantil o en la Isla de los Inventos de nuestro municipio para comprender que el asombro los deja pensando, entusiasmados, perplejos, con iniciativas y –seguramente– engendrando una visión curiosa de la realidad, crítica y creativa, al mismo tiempo que mucho les servirá para cuando tengan un rol más activo en la sociedad. Cabe señalar que nuestra provincia ha asumido el desafío de construir políticas públicas para la infancia y en ese marco Francesco Tonucci, el prestigioso pedagogo italiano, disertó hace unos días en Rosario, sobre el tema ciudad de los niños. Afortunadamente, algunas de sus ideas ya fueron implementados por la Municipalidad. Es cierto, los niños crecen y posiblemente irán perdiendo la virtud de asombrarse. Aunque así sea, don Asombro, no se vaya, insista en quedarse con nosotros... mientras tanto, reflexionemos sobre una ciudad habitable para todos.
Omar Pérez Cantón, LE 6.042.241